Bicentenario Charles Baudelaire: 101 flores malsanas del llamado ‘Rey de los Poetas’

El poeta soldado sacerdote, el héroe del mal, el príncipe de las nubes, Charles Baudelaire —visto por sí mismo en imagen— fue arrojado a este mundo un 9 de abril de 1821.

1
Pero allí estaba la tierra, la tierra con sus ruidos, sus pasiones, sus comodidades, sus fiestas, y era una tierra rica y magnífica, llena de promesas, que nos enviaba un misterioso perfume de rosas y de almizcle, y de donde nos llegaban las músicas de la vida en un amoroso murmullo. 

2
Descontento de todos y de mí, quisiera redimirme y enorgullecerme un poco en el silencio y la soledad de la noche. Almas de quienes he querido, almas de quienes he cantado, fortalecedme, sostenedme, alejad de mí la mentira y los vapores corruptores del mundo. ¡Y tú, Señor y Dios mío, concédeme la gracia de producir algunos versos hermosos que demuestren que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio! 

3
Mientras la multitud vil de los mortales,
bajo el látigo del Placer, verdugo despiadado,
va a cosechar remordimientos en la fiesta servil,
tú, Dolor mío, dame la mano, ven aquí,
 

4
nadando, hermana mía, el uno junto al otro,
¡huiremos sin tregua ni descanso
hacia el paraíso de mis sueños!

5
El observador es un príncipe que disfruta en todas partes de su anonimato. 

6
Así el enamorado de la vida universal entra en la multitud como una inmensa reserva de electricidad.

7
En un espectáculo, en un baile, todos gozan de todos.

8
Sombras locas, corred hacia la meta de vuestros deseos;
nunca podréis calmar ese delirio vuestro,
y vuestro castigo nacerá de vuestros placeres.

9
Igual que un pobre libertino que besa y muerde
el seno maltratado de una vieja ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que exprimimos muy fuerte como una naranja seca.
 

10
¡AY, LOS VICIOS HUMANOS! SON ELLOS LOS QUE CONTIENEN LA PRUEBA DE NUESTRO AMOR POR EL INFINITO. 

11
¡Desgraciado el hombre, tal vez; pero feliz el artista desgarrado por el deseo!

12
Entre los hombres solo son grandes el poeta, el sacerdote y el soldado. El hombre que canta, el hombre que bendice, el hombre que sacrifica y se sacrifica. ¡Sé siempre poeta! Incluso en prosa. 

13
¡Qué hermoso es el Sol cuando se eleva completamente nuevo,
lanzándonos como una explosión su «buenos días»!

—¡Bienaventurado aquel que amorosamente puede
saludar el ocaso más glorioso que un sueño!

14
Yo bebía, crispado de un modo extravagante,
en sus ojos, lívido cielo donde germina el huracán,
la dulzura que fascina y el placer que mata. 

15
La mujer, en una palabra, no es para el artista en general, ni para el señor G. en particular, solo la hembra del hombre. Es antes bien una divinidad, un astro, que preside todos los conceptos del cerebro macho; es el resplandor de todas las gracias naturales condensadas en un solo ser; es el objeto de admiración y de la curiosidad más viva que el cuadro de la vida puede ofrecer al contemplador. Es una especie de ídolo, a lo mejor estúpido, pero deslumbrante, hechicero, de cuyas miradas miradas penden destinos y voluntades. 

16
La mujer es todo lo contrario del dandy. De modo que debe producir horror. La mujer tiene hambre y quiere comer, sed y quiere beber. Se encuentra en celo y quiere ser jodida. ¡Menudo mérito!

17
Hay mujeres que inspiran el ansia de vencerlas y de gozarlas; pero esta despierta el deseo de morir lentamente bajo su mirada.

18
Y por todo eso, maldita y querida niña mimada, estoy ahora postrado a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la diosa terrible, de la madrina fatídica, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.

19
mas estas innovaciones de nuestras musas tardías
no impedirán nunca a las razas malsanas
que rindan a la juventud un profundo homenaje,
—a la santa juventud, al aire simple, a la frente dulce,
al ojo limpio y claro como el agua que corre,
y que va esparciendo por todo, despreocupada
como el azul del cielo, los pájaros y las flores,
¡sus perfumes, sus cantos y sus dulces ardores!

20
Estos jóvenes… me dan un miedo cerval. Nada me gusta más que la soledad.

21
¡Amargo es el saber que se adquiere en un viaje!

El mundo de hoy en día, monótono y pequeño,
de ayer, mañana y siempre, repite nuestra imagen:

¡un oasis de horror en un desierto de tedio!

22
En cuanto a mí, que advierto a veces el ridículo del profeta, bien sé que no hallaré jamás la caridad de un médico. Perdido en este mundo vil, avasallado por las masas, soy como un hombre cansado cuyos ojos no contemplan hacia atrás, en los profundos años, más que desengaños y amarguras y, ante sí, solamente un huracán que no encierra nada nuevo, ni enseñanza, ni dolor. La noche en que este hombre roba al destino algunas horas de placer, mecido por su digestión, olvidado —en lo posible— del pasado, satisfecho del presente y resignado al porvenir, embriagado de su sangre fría y de su dandismo, orgulloso de no sentirse tan bajo como los que pasan, se dice, observando el humo de su cigarrillo: ¿Qué me importa el destino de esas conciencias?

23
Sin el don divino de la esperanza, ¿cómo podríamos atravesar este terrible desierto del tedio?

24
La gloria del sol sobre la mar violeta,
la gloria de las ciudades cuando el sol se ocultaba,
encendían en nuestros corazones una agitada ansia
de hundirnos en un cielo de encantador reflejo. 

25
No albergo convicciones, tal como las entienden las gentes de mi época, porque carezco de ambición. En mí no existe base para una convicción. Existe cierta cobardía, o mejor una cierta pereza en las gentes honestas. Solo los bandoleros están convencidos de que han de triunfar. Y por eso triunfan. ¿Por qué debería triunfar yo, si ni siquiera tengo deseos de intentarlo? Se pueden fundar imperios gloriosos sobre el crimen y nobles religiones sobre la impostura. No obstante, tengo determindas convicciones, en un sentido más elevado, que no pueden ser comprendidas por las gentes de mi época. 

26
​EL POETA ESTABA ENTUSIASMADO: CREÍA TENER ANTE LOS OJOS LO QUE DESDE LARGO TIEMPO ATRÁS HABÍA ESTADO SOÑANDO.

27
Para el niño, amante de mapas y grabados,
el universo es igual a su inmenso apetito.

28
A continuación voy a hablar de una sustancia que se ha puesto de moda desde hace unos años; de cierta droga que determinados diletantes encuentran deliciosa, y cuyos efectos son mucho más fulminantes y poderosos que los del vino. Describiré cuidadosamente todos estos efectos, y luego, retomando la descripción que he hecho de las distintas virtualidades del vino, compararé estos dos medios artificiales por los que el hombre, violentando su personalidad, crea, por así decirlo, en sí mismo una especie de dios. 

29
El poeta disfruta del incomparable privilegio de poder ser, a su gusto, él mismo y otro.

30
—Se dice que tengo treinta años; pero si he vivido tres minutos en uno, ¿no tendré en realidad noventa?

31
Quien no sea capaz de describirlo todo, palacios y chozas, sentimientos tiernos y crueles, afecto familiar y caridad universal, la gracia de los vegetales y los milagros de la arquitectura, lo agradable y lo horrible, el sentido íntimo y la belleza externa de todas las religiones, la fisonomía moral y física de cada nación, en fin, todo lo visible e invisible, el cielo y el infierno, ese tal, digo, no es un verdadero poeta en la inmensa extensión de la palabra y según el corazón de Dios.

32
Animado por tantas bondades, le pedí noticias de Dios y le pregunté si le había visto recientemente. Me contestó, con despreocupación teñida de cierta tristeza: “Nos saludamos cuando nos encontramos, pero como dos viejos caballeros en quienes una cortesía innata no puede borrar del todo el recuerdo de antiguos rencores.”

33
¡Jesús, acuérdate del Huerto de los Olivos!

34
¡La imaginación de Delacroix! Nunca teme escalar las arduas cimas de la religión: el cielo le pertenece, como el infierno, como la guerra, como el Olimpo, como la voluptuosidad. ¡He aquí, en efecto, la figura del pintor-poeta! Es uno de los elegidos, y la amplitud de su espíritu comprende en su ámbito la religión. Su imaginación, ardiente como las capillas ardientes, brilla con todas las llamas y con todas las púrpuras. Todo cuanto hay de dolor en la pasión le apasiona; todo cuanto hay de esplendor en la iglesia lo ilumina. En sus telas inspiradas derrama por turno la sangre, luz y tinieblas. Creo que él agregaría con gusto, como suplemento, su fasto natural a la majestad del Evangelio.

35
No todo el mundo tiene el don de bañarse en la multitud: gozar de la muchedumbre es un arte, y solo puede entregarse a esa orgía de vitalidad, a costa del género humano, aquél a quién un hada infundió en la cuna el gusto por el disfraz y la máscara, el odio al hogar y la pasión por los viajes. 

36
El verdadero héroe es el que se divierte solo. 

37
Sé el arte de evocar los minutos felices,
reviso mi pasado acurrucado en tus rodillas.
Pues, ¿dónde buscar tus lánguidas bellezas
si no es en tu cuerpo querido y en tu corazón tan dulce?
¡Sé el arte de evocar los minutos felices!

38
Seguiré siendo un monstruo en cualquier tipo de literatura.

39
—¿Quién se atreve a nombrar el infierno delante del amo?

40
Los personajes de Poe, o más bien el personaje de Poe, el hombre de facultades tan agudas, el hombre de los nervios relajados, el hombre cuya voluntad ardiente y paciente arroja un desafío a las dificultades, aquél cuya mirada es tensa como el filo de una navaja sobre los objetos que crece a medida que los mira, es Poe mismo. Y sus mujeres, todas luminosas y enfermas mueren de males desconocidos y hablan con una voz que se parece a la música, siguen siendo él, o al menos por sus aspiraciones extrañas, por su saber, por su melancolía incurable, ellas participan fuertemente en la naturaleza de su creador. En cuanto a la mujer ideal, a su Titánida, se revela en diferentes retratos diseminados en sus poemas, no son tanto retratos, son más bien manera de sentir la belleza, que el temperamento del autor acerca y confunde en una unidad vaga pero sensible y donde vive más delicadamente que en otra parte ese amor insaciable por lo bello, que es su gran título, es decir, el resumen de sus títulos al afecto y respeto de los poetas.

41
Para el flâneur, para el observador apasionado, es un gozo supremo elegir domicilio en el número, en lo ondulante, en el movimiento, en lo fugitivo, en lo infinito.

42
Ese espacio se hace más profundo con el opio; el opio le da un sentido mágico a todos los tintes, hace vibrar todos los ruidos con sonoridad más significativa. Algunas veces, vistas magníficas, impregnadas de luz y color, se abren repentinamente en sus paisajes y se ve aparecer en el fondo del horizonte ciudades orientales y arquitecturas vaporizadas por la distancia donde el sol arroja lluvias de oro.

43

El Amor está sentado en el cráneo 
de la Humanidad

44
Soy bella, oh mortales, como un sueño de piedra,
y mi seno, que a uno tras otro ha martirizado,
está hecho para inspirar al poeta un amor
eterno y mudo igual que la materia.

45
—Tengo los labios húmedos y conozco la ciencia
de perder en una cama la antigua conciencia.
Seco todas las lágrimas en mis pechos triunfantes
y hago que los viejos se rían con risas infantiles.
¡Para quien me ve desnuda y sin velos, sustituyo
a la luna, al sol, al cielo y a las estrellas!
Cuando aprisiono a un hombre con mis temidos brazos,
o cuando abandono mi busto a los mordiscos,
tímida y libertina, frágil y robusta,
soy, mi querido sabio, tan experta en deleites
que sobre ese colchón que se desmaya de emoción,
¡los ángeles impotentes se condenarían por mí!

46
¿Qué importa que tú vengas del cielo o del infierno,
¡oh Belleza!, ¡monstruo enorme, espantoso, ingenuo!
si tus ojos, tu sonrisa, tus pies, me abren la puerta
de un Infinito al que amo y nunca he conocido? 

47
Yo imploro tu piedad, Tú, la única que amo,
desde el fondo del abismo oscuro donde mi corazón ha caído.

48
Anda como una diosa y descansa como una sultana;
en el placer tiene la fe del mahometano,
y a sus brazos abiertos, donde resaltan sus pechos,
convoca con los ojos a la raza humana. 

49
“¡El deleite me llama y el Amor me corona!”
A este ser dotado de tanta majestad
¡ve qué encanto excitante la gentileza da!
Acerquémonos y demos una vuelta en torno a su belleza.

50
Durante el último año y medio, aquella habitación había sido la ciudadela de mi pensamiento; allí había estudiado de noche durante largas horas, y aunque, a decir verdad, en los últimos tiempos, yo, que estaba hecho para el amor y para el afecto tierno, había perdido la serenidad y la alegría a causa de la lucha febril sostenida con mi tutor, era imposible que un muchacho enamorado de los libros y entregado al estudio intelectual como yo, no hubiese disfrutado allí algunas horas buenas en medio de mi abatimiento. De ahí que llorase mirando a mi alrededor el sillón, la chimenea, el escritorio y otros objetos familiares que sabía a ciencia cierta que no volvería a ver más. Desde entonces hasta el momento en que escribo estas líneas, han pasado dieciocho años: sin embargo, me parece estar viendo con toda claridad como si los hubiese visto ayer, los rasgos y la expresión de la persona a quien dirigí mi última mirada: era un retrato de la encantadora..., que estaba colgado encima de la chimenea; tenía unos ojos y una boca tan hermosos y su rostro irradiaba una bondad y una serenidad tan divinas, que había dejado a un lado mil veces mi pluma o mi libro para pedir consuelo a su imagen, como un devoto a su santo patrono. Mientras me hallaba absorto en su contemplación, la grave voz del reloj proclamó que eran las cuatro. Me acerqué al retrato lo besé y luego salí en silencio, cerrando tras de mí la puerta para siempre. 

51
LA VIDA NO POSEE MÁS QUE UN ENCANTO VERDADERO: EL ENCANTO DEL JUEGO. PERO ¿Y SI NOS RESULTA INDIFERENTE GANAR O PERDER?

52
Te doy mis versos para que si mi nombre
llega felizmente a épocas lejanas,
y hace una noche soñar a los cerebros humanos,
navío favorecido por un gran aquilón,
tu memoria, semejante a las fábulas inciertas,
fatigue al lector al igual que un tímpano,
y por un fraternal y místico eslabón

quede como colgada a mis rimas altivas. 

53
¡Ay, 
todo es abismo;
–acción,
deseo,
sueño,
palabra!

54
Esta vida es un hospital en el que todo enfermo se halla dominado por el deseo de cambiar de cama.

55
Soy como el rey de un país lluvioso,
rico pero impotente, joven y sin embargo muy anciano,
que, despreciando los saludos serviles de los preceptores,
se aburre con sus perros como con otros animales.

56
¡Maldito sea por siempre el soñador inútil

que por primera vez, en su imbecilidad,
apasionándose por un problema insoluble y estéril,
quiso mezclar con las cosas del amor la honestidad!

57
Resígnate, corazón mío; duerme tu sueño de bruto.

58
La Muerte nos consuela, ¡ay!, y nos hace vivir;
es la meta de la vida, y la única esperanza
que, como un elixir, nos eleva y embriaga,
dándonos el valor de llegar a la noche;

59
HE AQUÍ LA DELICIOSA NOCHE, AMIGA DEL CRIMINAL;
VIENE COMO UN CÓMPLICE, CON ANDARES DE LOBO; EL CIELO
SE CIERRA LENTAMENTE COMO UNA GRAN ALCOBA,
Y EL HOMBRE IMPACIENTE SE CONVIERTE EN FIERA.
 
 
60
Raza de Caín, sube al cielo,
¡y arroja a Dios sobre la tierra!

61
—Descendez, descendez, lamentables victimes,
Descendez le chemin de l’enfer éternel !

62
¡El Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les hallamos encantos;
cada día descendemos un paso hacia el infierno,
sin horror, a través de tinieblas que apestan. 

63
Sé que el demonio frecuenta con gusto los lugares áridos y que en los parajes solitarios se inflama milagrosamente el espíritu del asesinato y de la lujuria. 

64
Pero entre los chacales, las panteras, los linces,
los monos, los escorpiones, los buitres, las serpientes,
los monstruos chillones, aulladores, gruñidores, rastreros,
en la infame casa de fieras de nuestros vicios,

¡hay uno más feo, más malvado, más inmundo!
Aunque no hace aspavientos ni lanza agudos gritos,
convertiría con gusto a la tierra en un despojo
y en un bostezo se tragaría el mundo;

¡es el Aburrimiento! —con los ojos inundados de un llanto involuntario—
sueña con cadalsos mientras se fuma una pipa.
  

65
Dos diablos espléndidos y una diablesa no menos extraordinaria subieron la pasada noche por la misteriosa escalera que utiliza el infierno para asaltar la debilidad del hombre dormido y que comunica con éste en secreto. Y se plantaron majestuosamente ante mí como sobre un estrado. Un resplandor de azufre emanaba de estos tres personajes, que les hacía recortarse sobre el fondo opaco de la noche. Tenían un porte tan orgulloso y tan lleno de poder que al principio les tomé por tres auténticos dioses. 

66
¡Gloria y alabanza a ti, Satán, en las alturas
del Cielo, donde reinas, y en las profundidades
del Infierno, donde, vencido, sueñas en silencio!
¡Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la Ciencia,
descanse cerca de ti, en la hora en que sobre tu frente
se extiendan sus ramas como un Templo nuevo!

67
Goya, pesadilla de cosas desconocidas,
fetos que se cuecen en medio de los aquelarres,
viejas ante el espejo y muchachas totalmente desnudas,
para tentar a los demonios ajustándose las medias;

68
Al poeta siniestro, enemigo de las familias,
favorito del infierno, cortesano de rentas escasas,
tumbas y burdeles muestran bajo sus enramadas
un lecho que nunca frecuentó el remordimiento. 

69
¿Cuántas veces habré de agitar mis cascabeles
y besar tu frente ruin, triste criatura?
¿Cuántas flechas he de malgastar, oh carcaj mío,
para dar en ese blanco de místico carácter? 

70
¡A menudo la música me arrastra como un mar!

71
¡Oh, furor de corazones maduros llagados por el amor!

72
¡Abajo la musa académica!
 No tengo nada que ver con esa vieja mojigata. Yo invoco a la musa familiar, la ciudadana, la viva, para que me ayude a cantar a los perros buenos, a los perros pobres, a los perros manchados de barro, a esos a quienes todas ahuyentan, como si fueran apestados o piojosos, excepto el mendigo a quien hacen compañía y el poeta que los mira con ojos fraternales. 

73
¡Estoy libre y solitario!
Esta noche estaré totalmente borracho;
entonces, sin miedo y sin remordimientos,
me tumbaré en el suelo,

¡y me dormiré como un perro!

74
¿Que adónde van los perros?, preguntáis los poco observadores. Pues a sus asuntos.
A sus citas de negocios, a sus citas amorosas. A través de la niebla, a través de la nieve, a través del barro, bajo el sol abrasador, bajo la lluvia torrencial, van, vienen, trotan, pasan bajo los coches, acuciados por las pulgas, la pasión, la necesidad o el deber. Como nosotros, se han levantado temprano y marchan a buscarse la vida o a divertirse.

75
Así va, corre, busca. ¿Qué busca? Sin duda, tal como lo he retratado, este hombre, este solitario de la imaginación activa, siempre en marcha por el gran desierto de hombres, tiene un objetivo más elevado que el del mero paseante, un objetivo más general, distinto del placer fugaz de la circunstancia. Busca lo que se me permitirá llamar la modernidad, al no presentarse mejor palabra que exprese la idea en cuestión. Se trata, en su caso, de rescatar de lo histórico cuanto la moda contenga de poético, de extraer lo eterno de lo transitorio.

76
Religiosa embriaguez de las grandes ciudades. Panteísmo. Yo soy Todos. Todos, soy yo.

77
Aquí tenemos un hombre encargado de recolectar los restos de una ciudad. Todo aquello que la gran ciudad ha tirado, lo que ha perdido, todo lo que ha despreciado, todo lo que ha roto, él lo cataloga, él lo colecciona. Él compulsa los archivos del derroche, la leonera de los desechos. Hace una clasificación, una elección inteligente; él reúne, como un avaro su tesoro, la basura que, rumiada por la divinidad de la Industria, se convertirá en objetos de utilidad o de placer.

78
Los amantes de las prostitutas
se sienten felices, dispuestos y saciados;
en cuanto a mí, mis brazos están rotos
por haber abrazado las nubes.

79
Soy distinto. Distinto de todos vosotros que me hacéis padecer. Podéis perseguirme en mi carne, no en mi alteridad.

80
Hay biografías que son fáciles de escribir; por ejemplo, la de los hombres en cuyas vidas pululan los acontecimientos y las aventuras; en esos casos no tendremos sino que registrar y clasificar los sucesos con sus respectivas fechas; pero aquí no existe esa variedad de material que reduce la tarea del escritor a la de un mero compilador. ¡No cuento con nada más que una inmensidad espiritual! Escribir la biografía de un hombre cuyas aventuras más dramáticas se desarrollan silenciosamente bajo la cúpula de su cerebro, es un colosal trabajo literario, de orden completamente distinto. Si tal astro nace con determinadas funciones, tal hombre también. Cada uno cumple en forma magnífica y humilde con su papel de predestinado. ¿Quién puede concebir una biografía del sol?

81
Al poeta impecable,
al perfecto mago de la lengua francesa,
a mi muy querido y muy venerado 
maestro y amigo
TEÓFILO GAUTIER,
con los sentimientos
de la más profunda humildad,
dedico
estas flores malsanas. 

82
Se había puesto el sol. La noche se había instalado solemnemente. Aquellos muchachos se separaron, y cada uno de ellos se fue, sin saberlo, según el azar y las circunstancias, a madurar su destino, a escandalizar a su prójimo y a gravitar hacia la gloria o hacia el deshonor. 

83
Por mi parte, saldré ciertamente satisfecho
de un mundo en el que la acción no es hermana del sueño,

84
Yo he crecido, en buena parte, gracias al ocio.

85
Importa muy poco que todos conozcan el ardid y el artificio, si su éxito es certero y el efecto siempre irresistible. 

86
¿Qué es el arte? Prostitución.

87
A mí me importa un bledo el género humano.

88
Sería un acontecimiento completamente nuevo en la historia de las artes un crítico que se convierte en poeta, sería un trastorno de todas las leyes psíquicas, una monstruosidad. 

89
El placer que obtenemos en las representaciones del presente depende no solo de la belleza que este pueda revestir, sino además de su cualidad esencial de presente.

90
Raza de Abel, duerme, bebe y come;
Dios te sonríe complaciente.

91
Oración inmediata
antes del aseo
e inmediato trabajo
después del aseo

92
El trabajo inmediato, incluso malo, es preferible a la ensoñación. Una serie de pequeñas voluntades dan lugar a un gran resultado.

93
Swedenborg, que poseía un alma mucho más grande, ya nos había enseñado que el cielo es un hombre grandísimo; que todo, forma, movimiento, número, color, perfume, en lo espiritual como en lo natural, es significativo, converso, correspondiente

94
¡Pues, verdaderamente, Señor, el mejor testimonio
que pudiéramos dar de nuestra diginidad
es este ardiente sollozo que rueda de siglo en siglo
y viene a morir al borde de vuestra eternidad!

95
Extraña deidad, morena como las noches,
de perfume mezcla de almizcle y de habano,
obra de algún obi, el Fausto de la sabana,
bruja con costado de ébano, criatura de las negras mediasnoches. 

96
Un relámpago… ¡y la noche otra vez! —Fugitiva belleza
cuya mirada me ha hecho de pronto renacer,
¿no volveré ya a verte más que en la eternidad?

97
¡Oh noche, oh tinieblas! Para mí sois la señal que llama a una fiesta interior, sois la liberación de una angustia. En la soledad de los llanos o en los laberintos de piedra de una capital, vosotras, el titilar de las estrellas o la explosión de los faroles, sois los fuegos artificiales de la diosa Libertad

98
Ya duermas todavía en los lienzos del alba,
pesada, oscura, enferma, o ya te pavonees
con los velos nocturnos bordados de oro fino,

¡te quiero, ciudad infame! Cortesanas,
bandidos, también brindáis placeres
que el profano ordinario no llega a comprender. 

99
Todo para mí se vuelve

ALEGORÍA

100

La tapadera

Dondequiera que vaya, por mar o por tierra,
bajo un clima de fuego o bajo un blanco sol,
servidor de Jesús, galanteador de Citera,
mendigo sombrío o Creso rutilante,

ciudadano, aldeano, vagabundo, sedentario,
ya sea activo o sea lento su pobre cerebro,
por doquier sufre el hombre el terror del misterio,
y no mira hacia arriba sino con ojos temerosos. 

¡Arriba, el Cielo!, ese muro de panteón que le ahoga,
techo iluminado para una ópera bufa
donde cada histrión pisa un suelo ensangrentado;

terror del libertino, esperanza del loco eremita;
¡el Cielo!, negra tapadera de la gran marmita
donde hierve la imperceptible y vasta Humanidad.

Bicentenario Charles Baudelaire: 101 flores malsanas del llamado ‘Rey de los Poetas’

101

El extranjero
—¿A quién quieres más, enigmático? Dime: ¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
—No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano. 
—¿A tus amigos?
—Utiliza usted una palabra cuyo sentido desconozco hasta ahora.
—¿A tu patria?
—Ignoro en qué latitud se encuentra.
—¿A la belleza?
—La amaría con gusto, diosa e inmortal.
—¿Al oro?
—Lo odio como usted odia a Dios.
—¿Pues qué amas entonces, raro extranjero?
—Amo las nubes... Las nubes que pasan... allá arriba... allá arriba, ¡las maravillosas nubes!

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