Escrito por Karla Acosta
En Lima, el trayecto se puede medir en horas perdidas. Nuestra ciudad es tan impredecible que lo que, en apariencia, debería tomar treinta minutos termina siendo, probablemente, horas. La infraestructura del transporte colapsó hace décadas; sin embargo, los políticos de turno aprovechan el caos perpetuo para llenarse los bolsillos con dinero de los peruanos.