Karla Acosta | 05.03.2026

Escrito por Karla Acosta
En Lima, el trayecto se puede medir en horas perdidas. Nuestra ciudad es tan impredecible que lo que, en apariencia, debería tomar treinta minutos termina siendo, probablemente, horas. La infraestructura del transporte colapsó hace décadas; sin embargo, los políticos de turno aprovechan el caos perpetuo para llenarse los bolsillos con dinero de los peruanos.
Es tristemente conocido que, aunque todos tengamos prisa por llegar a nuestro destino, al final casi siempre llegamos tarde. Y durante ese trayecto la vida nos va consumiendo: el agotamiento merma nuestro bienestar general y el mal humor se convierte en moneda corriente. Finalmente pasamos nuestras vidas a pesar de los problemas de transporte (entre muchos otros). Es esta repetición constante la que nos debilita y también comprime nuestra percepción. No queremos escuchar más ruido, no queremos seguir detenidos en el tráfico, no queremos tener que estar alertas por si el conductor frena abruptamente. Buscamos, en ese tránsito, aislarnos de todo aquello que nos vulnera y terminamos perdiendo tanto de lo que nuestra ciudad puede darnos. Así, Lima se convierte solo en recorrido, no en vivencia.
Pero incluso entre tanto ruido y convulsión, el espacio urbano no deja de configurarse a partir de nuestra experiencia en la ciudad, aunque hoy esta se sienta debilitada. Como sostuvo Henri Lefebvre, el espacio “es el resultado de la acción social, de las prácticas, las relaciones y las experiencias sociales, pero a su vez es parte de ellas. Es soporte, pero también es campo de acción. No hay relaciones sociales sin espacio, del mismo modo que no hay espacio sin relaciones sociales” (Lefebvre, 1974/2013, p. 14). Los problemas de transporte no borran las memorias inscritas en el espacio. Parte de ellas está conformada por las calles, avenidas, plazas y monumentos, y ponerles nombre es también una decisión intencionada que permite reproducir ciertos relatos. Maurice Halbwachs, por su parte, sostuvo que la memoria colectiva reconstruye el pasado desde el presente a través de marcos sociales compartidos; la ciudad, con sus nombres y su arquitectura, es precisamente uno de esos marcos que estabiliza aquello que un grupo decide recordar (Halbwachs, 2004, p. 144).
La lucha feminista encuentra un punto de encuentro con esta perspectiva en tanto ambas cuestionan los modos hegemónicos de narrar la historia y trabajan por resquebrajar esa historicidad universal que se presenta como única y neutral. La ciudad constituye un escenario privilegiado para observar cómo operan las violencias contra las mujeres, y es precisamente allí donde el feminismo se hace presente, disputando quiénes tienen derecho a ocupar el espacio urbano y a formar parte de la memoria colectiva.

¿Entonces qué significa reconocer las trayectorias de las mujeres en una ciudad donde desplazarse es una tensión? ¿Cómo se pueden construir memorias cuando la experiencia diaria está atravesada por la urgencia y el agotamiento?
Estos son los planteamientos que el proyecto Coordenadas de Mujeres busca abrir. Nace en octubre de 2024 por iniciativa de Daniela Dulce Mostacero, Angela Quispe Huertas, Claudia Vargas, Jenny Rodas Alvites, Pamela Vargas Arancibia y Viviana Hilario Paucar, historiadoras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La iniciativa tiene como base la investigación académica, pero se alimenta de herramientas digitales. Su objetivo es mapear la presencia de mujeres en el espacio público de Lima y Callao.
La metodología utiliza archivos locales, la búsqueda de información en ordenanzas municipales y mapas distritales. Sin embargo, como estos no se ven reflejados en el tan utilizado Google Maps, el equipo recurre también a plataformas abiertas como OpenStreetMap para obtener los datos, aunque incompletos, de su base de datos. A partir de este primer mapeo, y utilizando inteligencia artificial, aplican procesos de clasificación para identificar nombres de mujeres y de hombres en el espacio urbano.

Y, como era de esperarse, muchas historias de mujeres no existen, están dispersas o permanecen incompletas. La ausencia llegaba incluso hasta los archivos locales, como fue el caso de Juana Auris Paredes, vecina reconocida de Santiago de Surco, que aparecía únicamente en una resolución municipal donde se explicaba la razón por la que su nombre fue incorporado al espacio urbano. Otro de los grandes problemas que el equipo debe afrontar es que algunas mujeres están registradas solo por el apellido o con nombres masculinos, como ocurre con los Túpac Amaru. En casos más contemporáneos, recurren a contactar a las familias y explorar esos archivos que conservan: fotografías, efemérides, noticias, entre otros.
Intervenir en ese sistema de visibilidad urbana que exploramos a diario convierte un trayecto en una nueva herramienta para releer la ciudad. Gracias a este mapeo se pueden identificar patrones, concentraciones y silencios que varían de distrito en distrito. Así, se hace patente que la desigualdad simbólica fue —y sigue siendo— el resultado de decisiones históricas.
Este mapa, que puede revisarse a través de su página web, revela que nuestra ciudad caótica también puede ser un espacio de pausa y reflexión. Si el flâneur clásico —hombre blanco y europeo— recorría la ciudad como observador y partícipe, la figura del anti-flâneur o, en este caso, la flâneuse cobra un sentido singular, porque ocupa la ciudad desde una historia marcada por las exclusiones. Caminarla, habitarla y conocerla es disputar una memoria estática y parcial.

Coordenadas de Mujeres se infiltra en estos sistemas de mapeo para agregar capas de memoria que funcionen como superficies para una lectura crítica. Porque la ciudad no es un archivo inocente: también se ha construido bajo exclusiones, omisiones y jerarquías. El proyecto propone talleres gratuitos para maestros y maestras de distintas regiones y busca expandir su rango de investigación a nivel nacional.
En definitiva, Coordenadas de Mujeres opera como una intervención epistémica sobre el territorio. Al cartografiar lo silenciado, desnaturaliza los mecanismos de poder que estructuran la memoria urbana. Recuperar estas presencias es, ante todo, una práctica política que desafía la neutralidad con la que el espacio público ha sido históricamente construido y administrado.
Para conocer más sobre el proyecto, acceder al mapa y seguir sus actividades, puedes visitar su página web y redes sociales.
Web: https://coordenadasdemujeres.wordpress.com/
Instagram: https://www.instagram.com/coordenadasdemujeres/



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