40 años de Voz Propia: Cada día volver a nacer

Fotos de Maria Paula Senisse

Escrito por Mariale Bernedo

La gente se fundía entre sí en una oscuridad salpicada de luces rojas. Mil muertes sonaba con fuerza desde el escenario mientras un fan, agitando la bandera peruana, surfeaba sobre las decenas de manos de quienes no dejaban de corear la canción junto a Voz Propia. Quienes estábamos allí no sabíamos (o quizás sí) cuánto necesitábamos algo como esto.

¿Cómo resumir cuatro décadas de existencia y conciencia social, llevando el nombre de la banda como un modo de creación y de enunciación? Los dos conciertos de aniversario, uno en Arequipa y otro en Lima, recorrieron con un setlist de 32 canciones la discografía y la evolución musical de quienes se presentaron en vivo por primera vez en junio de 1986. El mismo clima de desolación de entonces parece avecinarse otra vez, pero ellos siguen en pie. 

Lo que Voz Propia entregó este 20 de junio fue un espacio de liberación, un lugar para expulsar la desazón y transmutarla en una pulsión de vida urgente para estos tiempos.

Celebrar a Voz Propia es también hablar de su legado, uno que hoy recoge la banda peruana de vena post punk Aeropod, telonera del concierto en Lima. “No es sencillo mantenerse vigente durante tanto tiempo, sea cual sea la escena en la que estés. Pero lo que más me marcó como músico es cómo toman postura política”, comenta Carlos Moscol, vocalista de Aeropod, quien recuerda el impacto del concierto de Voz Propia en la Feria del Hogar, cuando Miguel Ángel Vidal grita: “Soy el ladrón, soy homosexual, soy la prostituta, pero ellos son lo más asqueroso y repugnante: son burgueses”.

Canciones de Aeropod como Las calles solas (Sentimentalmente Violento), Industrias y Destino mostraron la personalidad de una banda joven que tituló a su primer álbum Nunca estaremos de acuerdo (2025). Moscol, en nombre del grupo, alzó en medio del show una bandera con esa misma frase para pronunciarse en rechazo al negacionismo de la dictadura de Alberto Fujimori que reivindica su hija, Keiko Fujimori.

La conciencia social que tuvo y sigue teniendo Voz Propia sobre la indivisibilidad del artista de su rol político influye en el entusiasmo vivo de las nuevas generaciones por su obra. La admiración que generan no se queda en los límites de la nostalgia por un sonido ochentero, sino que inspira e impulsa a remecer los caminos de la creación. 

Voz Propia salió al escenario pocos minutos antes de la medianoche para interpretar Espejo quebrado. Enseguida, Miguel Ángel anunció que recorrerían los 12 discos publicados a lo largo de su carrera, “desde el primero hasta el último”, y, con complicidad, advirtió: “Así que no estén pidiendo el último tema, Los días y las sombras, ahorita, por favor”.

Y así fue durante más de dos horas, en las que no hubo una sola canción que no fuera acompañada por las voces del público. Podríamos decir que resultó hasta sanador cantar versos como “Fiestas negras, fiestas burguesas, fiestas repletas de pura mierda” sin medir el volumen ni las consecuencias de los gritos.

Invisible es un tema con un trasfondo especial. Se inspira en la novela Historia de Garabombo, el invisible (1972), de Manuel Scorza. Garabombo es un comunero al que parece aquejarle una enfermedad atípica: de tanto reclamar, se ha vuelto invisible para las autoridades, los hacendados y los jueces.“No le hacía caso nadie y se volvió invisible. Y como persona invisible empezó a trabajar”, cuenta Miguel Ángel justo después de interpretar la canción.

Scorza llevó su pensamiento antioligárquico a la práctica con una obra de enorme profundidad crítica y extendió ese compromiso más allá de sus novelas con la fundación de Populibros, la histórica editorial que acercó la literatura a los sectores populares manteniendo precios muy bajos. Quizás sea Voz Propia la banda que mejor concreta esta intersección, o simbiosis, entre los mundos literario y musical, ambos opuestos a la elitización de la cultura y a la división de clases en el Perú.

Pocos días después de las elecciones que anunciaron el ascenso de la heredera del autoritarismo más cruel de nuestra historia reciente, con las calles del centro de la ciudad cerradas bajo la excusa de “preservar el orden público”, tener a Voz Propia en vivo adquiere una relevancia que excede la celebración de sus 40 años. Aunque la banda no haya nombrado expresamente al fujimorismo ni a sus representantes, “el público sabe a lo que fue, sabe a lo que se enfrenta y lo que vivimos. (...) Tenemos un espacio para resistir y una banda que nos va a musicalizar”, comenta Cíclope, difusor musical y fanático de Voz Propia.

Un seguidor suyo le compartió la experiencia de haber vivido ese concierto con su hijo, un adolescente de 15 años que ha pasado por problemas delicados de salud que lo acercaron a la muerte, y el conmoverse juntos escuchando Mil muertes. Hubo “mil historias y batallas ganadas”, o quizás aún inacabadas, pero que recobraron el aliento.

Hacia el final del concierto, los pogos eran tan continuos que se volvieron casi uno solo, ininterrumpido y sin uniforme generacional. Era una noche en la que todos los gatos eran pardos, en el mejor de los sentidos posibles: la horizontalidad de las energías compartidas es la antítesis de lo que nos pone en frente cada día la sociedad capitalista

Un pogo siempre es una válvula de escape, y hoy necesitamos mucho más de eso. Pero aquí no encontramos un escapismo hedonista ni frívolo, sino uno que restaura, conecta y se opone al aislamiento de un sistema que individualiza las angustias de nuestras vidas. “Quizás no estamos tan solos”, dijo Cíclope.

Aunque cueste en días tan difíciles, espacios como estos nos recuerdan que la colectividad no es una ilusión. De la oscuridad se suele hablar con miedo; de los márgenes sociales se nos enseña a huir. Pero solo aprendiendo a mirar la oscuridad es posible construir la autonomía necesaria para no depender de una única fuente de luz que puede sernos arrebatada en cualquier momento. Y de los márgenes es de donde surgen las fuerzas que agitan los vientos de cambio. Voz Propia es lo que no queremos perder, ni como banda ni como idea, en un Perú donde las olas profascistas intentan silenciar, pero no podrán: “hay que morir cada noche como el sol, y cada día volver a nacer”.

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