Marco Yanayaco Evangelista | 05.09.2026

Escrito por Marco Yanayaco
Hace algunos años, en plena pandemia, mientras estaba encerrado en mi cuarto sin poder salir y enfermo, lo único que podía hacer era estar en cama leyendo o escuchando música. Eso me llevó a ir descubriendo nuevas bandas, pero también nuevos sonidos que fueron marcando, por su capacidad de aclarar lados oscuros a los que no sabía que la música pudiera llegar. Eso fue el shoegaze para mí en mi vida: una nueva forma de percibir todo a mi alrededor, como si las paredes duras y frías se evaporaran y me elevara en una nube gaseosa de cosmos.
Fue sumamente rápido mi paso por las bandas emblemáticas del género, pero, si debo recordar a una de ellas, tanto por su entrañable portada del gato enroscado como por su frescura y juego de guitarras, es Whirlpool, de Chapterhouse. Y ahora, como una casualidad del destino, esta banda viene a Perú.
La llegada de Chapterhouse parece una noticia más de bandas que llegan a nuestro país, pero sí hay algo que muchos están dejando pasar u olvidan: es una banda pionera de un género que muchos grupos actualmente se han dedicado a continuar en su sonido, estética o propuesta. Amantes de bandas como Beach House, The Radio Dept., Drop Nineteens, DIIV o Whirr: por si alguna vez se preguntaron de dónde heredaron su sonido, la respuesta está aquí: Chapterhouse.
Antes del Souvlaki de Slowdive y a la par del estreno de Loveless, de My Bloody Valentine, Chapterhouse lanzaba su disco debut, Whirlpool, en 1991, con un sonido incandescente que desafiaba toda forma convencional de disfrutar de las guitarras, valiéndose de la saturación, el ruido, la distorsión y las voces etéreas que parecían resonar en un eco mental para luego desaparecer.
Lo cierto es que, si bien Chapterhouse solo llegó a sacar dos álbumes de estudio, Whirlpool y Blood Music, mucha de su fama quedó encapsulada, convirtiéndose en una banda de culto. Su influencia y forma de tocar, sin embargo, están incrustadas en todo el sonido reconocible del shoegaze y el dream pop de hoy en día. No existe banda que no haya tomado o pasado por algo de lo que se puede apreciar en sus composiciones. Hay que saber valorar la herencia y, sobre todo, recordar de dónde viene.

Hablando del Whirlpool y sus canciones:
35 años han pasado desde este increíble debut que marcó y ayudó a definir, junto a otras bandas, ese sonido característico del shoegaze. Entre sus mejores composiciones, donde estalla toda esa pólvora brillante y creativa, además del potente muro de sonido del shoegaze en su estado más puro, se encuentran temas como “Breather”, “Pearl”, “Treasure”, “April” y “Guilt”.
Cada canción parece un encuentro sobrenatural con sonidos que iban tomando de sus antecesores. “Guilt”, por ejemplo, parece salir de un tema clásico de new wave, pero llevado al terreno de la distorsión y el caos. Esos préstamos y la reinvención constante de melodías no quedaron en una mera repetición, sino que fueron llevados hacia un nuevo horizonte que ayudó a consolidar lo que hoy se conoce como shoegaze. Aunque, realmente, muchas bandas no se reconozcan bajo esta categoría, no puede ignorarse lo antojadizo que es caer en las garras de estos sonidos disruptivos.
Pocas veces puede verse en los escenarios a bandas de este calibre y tradición. Me parece una oportunidad única y que podría dar pie a que lleguen más artistas de este estilo, claro, si es que hay un público que apoye a que se logre dicha meta. Hasta entonces, no dejaré de recomendar y traer a la memoria lo importantes que son estas bandas. No te quedes dormido y escúchalos si no lo has hecho antes. Puede que sea un show que te arrepientas de haberte perdido.


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