Invitadxs EnLima | 02.08.2026

La escritora argentina visita al Perú como parte de la edición 30 de la FIL Lima y conversa sobre el capitalismo depredador, los procesos de escritura, el nuevo cine de horror y la necesidad de romper los pactos patriarcales.
Entrevista realizada por Mariale Bernedo
Contaste en una entrevista que durante un viaje a Perú surgió tu inspiración base para escribir Las Indignas. ¿Cómo ocurrió? Con este ejemplo, quizás, podrías comentarnos también sobre tu proceso de escritura y los caminos que tomas al escribir tus obras.
Cuando a mí se me ocurre una idea, no es que automáticamente me siento a escribir. Es raro que me pase eso, porque lo que más me interesa es cómo voy a encarar la idea, cómo la voy a contar: con qué narrador, con qué registro, con qué tiempo verbal. Todos los detalles importan y hacen que la historia funcione o no funcione. Está todo contado ya, todos los temas están narrados. Lo que importa, para mí, es cómo lo vas a narrar. En el caso de Las Indignas, en el 2018, me invitaron a la Feria del Libro de Cusco. Como yo estudié Historia del Arte, si puedo ir a los museos, voy. Hay un museo que fue un convento de monjas, pero ahora es un museo donde tienen mucho arte cusqueño, que a mí me interesa especialmente porque lo estudié en la facultad. Yo era la única turista ese día. Estaba mirando los ángeles arcabuceros, que son hermosos, y de repente me doy vuelta y veo a una monja rezando. En teoría no tenía que haber monjas. Casi me muere un paro cardíaco. Me acerco y era un maniquí. ¡Peor! Entonces, me acuerdo de que salí de ahí, fui al hotel y dije: “tengo que escribir sobre monjas”. Lo primero que me surge [al escribir] son todos lugares comunes, cosas ya muy leídas, muy escritas. Me llevó bastante tiempo llegar a esta narradora que escribe el diario. Llegué a ella a través de lecturas de ensayos. Me acuerdo de que estábamos leyendo El Quijote y ahí hablaban de la Hermandad Sagrada. Entonces tomé eso. El proceso de escritura es eso: mucha lectura, mucha investigación para entender cómo empezar la historia. Porque a mí no me interesa contar por contar, sino que en el contar, en el narrar, también estoy diciendo un montón de cosas. Inclusive en Las Indignas la gramática está diciendo cosas. Toda la primera parte de la novela tenés paréntesis, cierran, encierran; pasa algo y ya no tenés más paréntesis. No sé cómo, pero trabajo así.
¿Cómo es de demandante a veces para ti sumergirte en la información que conecta con lo interno? Cuando una se encuentra en ese camino de no solamente contar, sino transmitir intencionalmente algo más allá de los datos, una investiga mucho, se sumerge en mucha información, pero para poder escribir algo que no solamente sea lógico, también se rebusca muy dentro de las propias emociones. El sumergirse así puede costar mucho emocionalmente.
Al investigar, me pasó con Cadáver exquisito, que fue una tortura los seis meses que investigué antes de escribir. Investigué sobre cómo funcionan los frigoríficos, sobre canibalismo y derechos de los animales, y fue durísimo. Pero sí me pasó algo con Las Indignas, por primera vez: Circe, que es una gata, está basada en mi gata Lola [se remanga la blusa y muestra el tatuaje del rostro de su gata, junto a otros tres gatos formando una columna]. Lola está perfecta, no le pasó nada, pero yo me imaginaba a Lola en la situación de Circe y me ponía a llorar. Nunca me pasa eso. Cuando escribo, no es que sea fría, porque hay visceralidad, y hay mucha intuición —que para mí, la intuición es pensar con el cuerpo— y también hay investigación, técnica, mucha corrección, pero no me engancho emocionalmente con los personajes, porque si tengo que matar a uno, lo hago... Pero sí me pasó con Circe que me costó. Y me pasó que en Avilés, en España, vino una lectora llorando a la firma de libros, diciéndome que Las Indignas la había ayudado a transitar el duelo por su gatita, que se la habían matado unos perros. Hay gente que se pone a llorar con Circe.
Yo siento algo en particular con el cuento Los Muertos. Tuve que procesar de niña la muerte de mi mamá, y junto a mi hermano también mirábamos a las estrellas y decíamos: “¿cuál será mi mamá?”, “esta de aquí se parece”, “esta no se parece”. Para nosotros, en ese momento, había una lógica que de adulto por lo “racional” uno ya no la vive, pero el cuento sí conecta con ese misterio de los muertos y el miedo a los vivos. Para mí esa etapa en mi recuerdo era algo muy gélido, decía “yo atravesé bien la muerte de mi mamá”, pero cuando leí el cuento noté que no lo pasé tan bien como parecía.
Mirá, es la primera vez que me dicen eso de ese cuento. Los cuentos de Diecinueve garras y un pájaro oscuro son anteriores a Cadáver Exquisito. Yo los publiqué originalmente en el 2016 con el título Antes del Encuentro Feroz. O sea, son cuentos que tienen muchos años. De hecho, hay un cuento que se llama Roberto, el del conejo, que lo escribí a los 19 años, en un ejercicio de taller. Hay cosas sobre esos cuentos que no las tengo tan frescas como Las Indignas o Cadáver Exquisito. Pero me acuerdo perfecto que ese cuento surgió porque en Buenos Aires está el Cementerio de Recoleta. No sé si lo conocés.
Lo conozco por los libros de Mariana Enriquez.
Y el Cementerio de Recoleta, que es una zona muy… ¿ustedes le dicen “cheta”?
Ah, sería “pituca”.
Es una zona muy pituca, que además creo que es el único cementerio del mundo que está rodeado de bares y de discotecas. Es un centro turístico porque está la tumba de Evita, porque hay un montón de esculturas, es muy hermoso el cementerio. Pasé caminando a la noche, estaba afuera del cementerio, y vi la luna arriba. Ahí se me ocurrió el cuento. Eso fue todo. No conocí a alguien que se le murió la madre o los padres. No puedo contar nada más que me imaginé a este niño.
A veces las historias, como tú decías, pueden surgir de algo muy cotidiano, pero luego llegan a temas que sí nos confrontan con problemas sociales grandes. Por ejemplo, lo cruel del capitalismo, a nivel social, a nivel físico. ¿Cómo llegas a estas figuras? Obviamente, tenemos la figura del capitalismo salvaje, del capitalismo devorador, que literalmente se transforma en una historia de canibalismo.
Por ejemplo, yo lo trabajo en Cadáver exquisito, el tema del capitalismo. No es que me senté y escribiendo pensaba “estoy trabajando sobre el capitalismo salvaje”. Pero en esos seis meses que investigué, leí ensayos, leí un montón de artículos y ahí todo el tiempo está presente el capitalismo. No es casual que las palabras ‘capitalismo’ y ‘canibalismo’ suenen prácticamente igual, ¿no? De hecho, leí un libro que me sirvió mucho para escribir el final. Es de una filósofa argentina que da clases en mi universidad, en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que se llama Mónica Cragnolini. El libro que escribió se llama Extraños animales. Ella trabaja con los derechos de los animales desde el punto de vista de la filosofía y habla un montón sobre el capitalismo. De hecho analiza la novela Robinson Crusoe. El personaje Viernes es un caníbal, en teoría, ¿no? Los originarios que están en esa isla son “caníbales”. Entonces, viene Robinson Crusoe y los “civiliza”, entre comillas. Les pone nombre y considera que la isla es de él. Es como esa mentalidad capitalista que ves y decís: flaco, ¡vos llegaste después! ¿Qué está civilizando? ¿Y por qué tenés este tipo como esclavo, prácticamente? ¿Y por qué lo nombrás? Ese libro de Mónica Cragnolini me ayudó a pensar en todo el tema del capitalismo, el canibalismo.
Pensaba, con lo que dices, en la tierra y el dominio sobre los territorios de diferentes tipos, como lo que está pasando en Argentina y ahora en Perú. Así como en Argentina hay quemas de territorios para, básicamente, una nueva colonización, en Perú, al sur, en la zona de Cusco y de Puno, también hay quemas y está ese temor. ¿Cómo te sientes tú frente a la realidad con la que tus cuentos van encontrándose indefectiblemente? ¿Cómo te confrontas con todo esto que no es ficcional?
En Argentina, obviamente no todos los argentinos ni argentinas, pero hay muchos que lo votaron, ¿no? Votaron a Milei y hay gente que lo sigue apoyando, a pesar de que se está muriendo de hambre. La otra vez miraba un video de una persona de profesión abogada, saliendo en Uber para juntar más plata porque no le alcanzaba el sueldo. Eso pasa un montón. A mí me pasó de ponerme a hablar con la persona de Cabify, y te dice “yo soy X de profesión y hago esto porque me gusta” y pienso: ¿cómo? No, no te gusta, lo hacés porque no te está alcanzando la plata, y como querés justificar este modelo y a este presidente, decís que lo hacés porque te gusta, y que por eso no te quedás en tu casa, o disfrutando de tu familia, o lo que fuere.
Claro, además uno se expone al trabajar en taxi.
Uno se expone, y yo estoy en un punto desolada porque no puedo creer el nivel de precariedad mental que tiene todo el gobierno. La gente que es diputada, que no tiene preparación, que no tiene estudios, que no tiene nada y que además para mí son como analfabetos funcionales. Hay mucha gente preparada en la política, pero lo que pasa es que por ahí no son parte de este gobierno. Ahora hay una diputada que no tiene ningún estudio, no está para nada preparada, trabajaba como que tenía un programa de televisión en donde aparecía en bikinis, y yo no critico eso, critico que está en un puesto para el que no está capacitada. Ella quiere sacar una ley para regular los criaderos de animales [para la venta]. Les ponen más restricciones a los refugios de animales, a la gente que salva animales y rescata animales, que a la gente que los abandona, que los compra y después los abandona, y además quiere darles beneficios a los criaderos de animales.
Entonces, ahí lo grave aparte de falta de preparación, es que hay mala intención.
Sí, porque ella tiene amigas que tienen criaderos de animales.
Y dentro de la mala intención, están los intereses propios.
Eso. Ella va a programas de televisión y la gente se lo discute, le dicen “los animales no deberían comprarse”. Y ella, como no tiene argumentos, porque no está preparada, los insulta y se va. Ese es el gobierno de Milei. Pero lo peor es que están generando un impacto negativo real. Están desfinanciando las universidades, están desfinanciando la salud. Quieren vender Argentina al mejor postor. Yo creo que el programa que tiene es ese. Es lograr que Argentina, que ya de por sí es un país empobrecido, no sea del “Tercer Mundo” si no que sea, no sé, del “bajo mundo”, digamos: que la gente tenga menos capacitación, tenga menos recursos, para que entonces venga un mega millonario a poner su empresa o su fábrica de no sé qué, y que les pague dos dólares por día. Creo que el primero que detesta a su país es Milei. Es así, no es una opinión. Lo ves en sus entrevistas, lo ves en su X o Twitter o como lo quieras llamar, que se la pasa insultando a la Argentina.
Milei es más fanático de Reino Unido…
De Trump, y de Margaret Tatcher…
De Estados Unidos, o de Israel, de cualquier otro país es fanático Milei, menos de Argentina.
Totalmente. Detesta a su país.
Uno de los territorios, que es físico y social, y que él detesta, es el de los cuerpos de las mujeres. Tú también exploras ese tema y sueles mencionar a Rita Segato más de una vez. A veces, desde las ciencias sociales, se conversa y se escribe mucho, pero en la realidad sigue habiendo un dominio total sobre las personas y sobre los medios.
Los paradigmas, sobre todo uno tan fuerte y de tantos siglos como es el patriarcado, tarda en cambiar porque aparte hay resistencias, hay retrocesos. Ayer también [en un conversatorio de la FIL Lima] nombré a Rita Segato, porque lo que dice ella ahora es que los varones tienen que empezar a involucrarse en el cambio, no puede quedar todo del lado de las mujeres. Si el varón no rompe el pacto entre varones, digamos, el pacto patriarcal, es muy difícil. Empieza con un chiste y “bueno, me río del chiste misógino”, “me río del chiste de la violación”, como ahora pasó en Chile. Hay un video que no sé si los viste, de unos amigos que se juntaban y le daban un regalo a otro amigo. Le dieron de regalo un bebito y le decían “bueno, para vos que te gusta con esto”… o sea, hablando de la pedofilia de manera horrorosa. De hecho, creo que uno tenía un cargo político, libertario, y renunció. Se armó un escándalo total, pero eso es porque lo filmaron y lo subieron. Pero estamos lleno de ese tipo de conversaciones diarias que no se filman, no se suben, y no te enterás. Yo lo que estoy haciendo en todas las entrevistas, en todas las charlas, sea para 300 personas como ayer, o para dos personas, es decir eso: por favor, varones, háganse cargo. Hay varones que lo aceptan y hay varones que se ponen a la defensiva. Me pasó una entrevista.
Claro, muchos reaccionan en contra de la generalización, para decir que ellos mismos no son tan malos.
Y lo que yo les digo, como les dije ayer, es que realmente no hay una isla donde estén todos los femicidas, abusadores, maltratadores: están entre nosotros. Todas fuimos acosadas en la calle. Dejen de poner el foco en echarle la culpa a la mujer y no sé, hagan algo, vayan a un psicólogo, empiecen a trabajar con ustedes mismos.
Muchos no escuchan a las mujeres porque sienten una distancia con ellas por la socialización de género, y entonces es clave que entre hombres, de parte de los que sienten que de verdad entienden algo, que puedan hablar con los otros hombres.
Sí, y también hablar con las mujeres, como yo les decía ayer: hablen con sus hermanas, con sus amigas, con sus madres, con sus tías. Realmente a ustedes nunca les va a pasar en la vida que en la calle venga un grupo de mujeres a violarlos. Nunca les va a pasar eso. Nunca van a sentir ese miedo.
Y las consecuencias de la violencia son totalmente diferentes.
Totalmente. Te viola un señor, lo denuncias, y es presidente de Estados Unidos.
¿Cómo ves las representaciones de la violencia en el cine, por ejemplo? Últimamente vemos que se habla de nuevas olas de autoras de horror, cineastas del horror, relacionados a la violencia que viven las mujeres. ¿Hay alguna película que te haya gustado en particular sobre esto?
Me gustó la película Obsession. Muestra bien el tema de él que es misógino, egoísta, autorreferido, cobarde…
Y la interpretación de muchos hombres en las primeras semanas de la película en cartelera era que la protagonista es la clásica “novia loca”, pero desde el principio se ve que él nunca le dice sus intenciones, manipula la voluntad, su destino.
Y aparte ella no está ni siquiera, es hipnotizada, está como corrida. Ya no está ahí. ¿Te acordás cuando él llama por teléfono y ella está gritando? A él no le interesa hacer algo al respecto. Me parece que esa película está muy bien en el guion, en cómo tratan el tema, porque no es panfletario. Otra que me gustó es Backrooms, que no toca el tema directo de la violencia de género, pero te la sugiere, porque él, por cómo reacciona con la psicóloga… bueno, acá estoy spoileando, pero para mí está muy claro que mató a su mujer.
Yo pensaba que el protagonista, Clark, podría haber cometido contra ella agresiones físicas que él no cuenta porque le da vergüenza exponerse y decirlo de frente a su psicóloga. Y nunca sabemos mucho de la esposa…
Leí una crítica que decía que la versión de la mujer en el backroom aparece como si fuese una cara de Picasso, como con muchas caras. Lo que decía la crítica, y que estoy de acuerdo con eso, es como que él le… [hace un además de girar la cabeza con fuerza]
¡Ah, lo entendí!
Le partió el cuello, claro. Y viste, cuando él va a la casa, está toda apagada. No hay nada. Ahí está la clave de que el tipo la mató.
Voy a tener que ver de nuevo la película.
Tiene muchas cositas en internet si te pones a investigar. Fijate que la versión del pirata en el Backroom es re violento.
Sí, es la suma de toda la ira que él controla en el mundo real, solo que ahí adentro ya no tiene ningún límite.
En el Backroom él no tiene ningún límite.



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