Mario Gaviria | 06.10.2026

Escrito por Mario Gaviria
Este 11 de septiembre inauguró La posibilidad latente de una erupción, muestra individual de Jimena Mía (Trujillo, 1989) en la galería Oders, en Barranco. El final de la muestra será el 10 de octubre. Vayan.
Las exposiciones de arte siempre me fascinan. Son como una presentación, un compartir, unos vinos, conversar con la artista, debatir y contemplar. También es performance. Lo pienso muy teatral, a veces. Este día fue cálido y concurrido. Las personas entraban y salían durante toda la noche. Las largas, lanudas y ardientes piezas colgadas en el espacio, hacían de fondo este río de personas que entraban, paseaban, comentaban y salían de la galería.
Jimena brillaba como el magma. Meses de acumulación en su estudio, rodeada de bocetos, anotaciones, dibujos en acuarela, en lapicero, lanas, herramientas, y horas de horas de investigación, daban fruto y se presentaban en sociedad. Es un ritual particular para un artista, abrir las puertas de su mundo a que sean vistas por todxs. La noche transcurrió animada.
La exposición consta, según mi interpretación, de tres conjuntos de piezas. También, la disposición de estas en el espacio invitan a un recorrido claro. Al subir las escaleras vez una primera pieza textil colgada de manera horizontal arriba a la mano derecha. Algunas personas no la perciben al subir, sino al girar luego de haber llegado al final de las escaleras. Luego, a la mano izquierda un conjunto de placas de cobre con fisuras y distintos niveles de desgaste por corrosión. Expuestas de manera horizontal en la pared del frente.

Inmediatamente al terminar las escaleras, se encuentra el texto curatorial que acompaña la exposición. Frente a este la entrada al salón central. Cuando pasas por el umbral te ves envuelto por ambos lados. A la derecha, muy de cerca, una pieza que acompaña la anterior vista, y mantiene una paleta similar de colores, entre grises, marrones y un poco de amarillo, naranja y verde. Pero a la derecha, se enciende todo con cuatro enormes piezas en paletas de rojos, amarillos, naranjas, explorando el eje central de esta exposición que mira el volcán como cuerpo y cuerpo como volcán.
En el final de la sala se encuentran las tres piezas que representan un estado posterior, quizás con algo de calma, en todos grises y negro. Una calma en movimiento, y mucha sensación de ceniza en el aire. Cuando crees que acabó la exposición con estas cumbres grisáceas, a la derecha encuentras un compilado de treinta mini-paisajes encuadrados en cobre. Dibujados con acrílico sobre rollo de película. Todos a mano. Una belleza. Como un álbum coleccionable de volcanes y arte.
¿Mencioné que la técnica que utiliza se llama wet-felting? No. Siempre faltan detalles por mencionar cuando observamos el trabajo de Jimena de cerca. Hay que darse el tiempo de ver de cerca. Solo mencionaré que cada pieza fue amasada una exacta cantidad de quinientas veces para que las fibras del vellón acabaran de entrelazarse y formar, efectivamente, una sola pieza textil. Una alfombra, una manta, un cuadro, un lienzo.
Mientras escribo esto ella continúa. Hace bocetos, planifica nuevas piezas, nuevas posibilidades, investiga sobre el cobre, orfebrería, y continúa sumergiendo piezas en ácido. Qué cálido se siente cerca a esa lava burbujeante. Qué bueno ver los surcos que deja en la tierra al pasar. Al abrirse paso. A hacerse terreno.
Este 10 de octubre se celebra esta erupción trujillana en Lima. Las puertas están abiertas desde las 2pm.


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