Rodrigo Jordan | 07.03.2026

Escrito por Rodrigo Jordan
El largometraje La voz de Hind Rajab captura para siempre la voz de una niña palestina de 6 años. Ella está atrapada dentro de un auto. También está escondida allí, rodeada de cadáveres. El ejército de Israel ha perpetrado una más de los miles de masacres en Gaza. En medio de disparos y andanadas, de edificios que se desploman por los bombardeos y de tanques que aplastan todo a su paso, Hind Rajab logra comunicarse con la central del equipo de rescatistas voluntarios de la Sociedad Luna Roja Palestina. La llamada es un retrato que se mueve, es un laberinto imposible, un mapa lleno de escombros. Su voz —dulce, tierna y fracturada por el pánico— suplica que la vengan a buscar.
Ella no sabe dónde está mamá. Pero sabe que quienes están a su lado ya no duermen: sus tíos y sus cuatro primos ha sido acribillados. Ese auto es su único refugio en el mundo un 29 de enero del 2024. Una grabación de casi setenta minutos recorre el film. La voz es real, es la auténtica. Allí lo desgarrador. Una llamada que se aferra a la vida. Una onda luminiscente en medio del genocidio perpetrado por Israel. Una luciérnaga encendida en lo más hondo de una noche cercada. Una voz que es la de los 64 000 niños asesinados y heridos.

Los susurros de Hind Rajab son hoy el vestigio de la indefensión absoluta, el resto de una promesa incompleta. Una bruma sonora que contiene el grito de una injusticia. En La Peste, Albert Camus deja entredicho que no existe injusticia más abyecta que la recae sobre la infancia, porque un niño es siempre inocente y jamás responsable.
La película franco-tunecina, dirigida por Kaouther Ben Hania, no muestra imágenes de violencia explícita. No las necesita. Es la cadencia de una voz en la que se demarcan los límites de la desesperación y de la esperanza. La devastación se narra desde el ruido de atrás, el de afuera, en el que objetos metálicos circulan y asedian con un terror insano.
La voz sostiene una tensión. Y pienso en ese delirio perverso que antecede y trama un reticulado que conduce finalmente a una burocracia del exterminio: el proyecto colonial e imperialista de Israel y de los Estados Unidos.

Ver y compartir La voz de Hind Rajab no solo resulta un imperativo moral, sino la urgencia de atesorar en el corazón el arrullo cansino de esa niña. Una niña que es todas las niñas. Perpetuar esa dicción que cruza el tiempo y nos recuerda que el mundo es también un vertedero por obra y omisión de algunos países y élites económicas. Esta película no solo interpela, es un puño en el estómago.
Hubo y continúa un genocidio ante nuestros ojos. Hoy caen misiles iraníes sobre las ciudades israelíes de Jerusalén, Haifa y Tel Aviv. Son la respuesta a Israel y a la reedición contemporánea de la política del espacio vital. Imre Kertész, escritor húngaro y sobreviviente del holocausto, dijo que vivimos en la época de la catástrofe, que cada ser humano es portador histórico de ella.



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