Entre la resurrección y la memoria: Candelabro llega a Lima para incomodar a la derecha

Difusión

Escrito por Marco Yanayaco

El sábado 14 de marzo, Candelabro subía a los escenarios del Lollapalooza 2026 tras un regreso triunfal marcado por el lanzamiento de su segundo disco Deseo, carne y voluntad. Un álbum que, más allá de lo estético, se propone desafiar y examinar críticamente buena parte del imaginario religioso que ha atravesado históricamente a la sociedad latinoamericana.

Como era de esperarse, la propuesta no se queda en meros formalismos ni en el plano discursivo. Por el contrario, la banda deja entrever su postura tanto a través de su activismo en redes sociales como en sus presentaciones en vivo. Esto ha provocado que distintos sectores, incluidos algunos fanáticos de la música, reaccionen arrojando bilis sobre la banda y su propuesta.

¿Qué sucedió en el Loolapalooza?

Mientras interpretaba su repertorio, incluido el cover de “Ultraderecha” de Los Prisioneros, la banda proyectó una serie de gráficas en las que se retrataba a figuras como Trump, Netanyahu, Milei y el actual presidente de Chile, José Antonio Kast, con esvásticas pintadas en la frente. El concierto cerró, además, con el mensaje: “Recuerden que la cultura es no juntarse con pedófilos en EE. UU.”.

Se trata de personajes polémicos y cuestionados, que comparten una inclinación hacia la censura, el conservadurismo y un abierto rechazo a minorías, como la comunidad LGBTQ+ o el derecho al aborto.

Entonces, ¿por qué callar o negar esta preocupante infección de la ultraderecha en nuestra región, que más que representar un progreso implica un claro retroceso en materia de derechos e igualdad social?

Desde el lanzamiento de su segundo disco, Candelabro ha sostenido un discurso anticlerical, cargado de guiños que oscilan entre la sátira, la cultura y una crítica frontal al sistema. Nada de esto debería sorprender en sus presentaciones en vivo. Sin embargo, para cierto sector de “fans del rock” de antaño, resulta desconcertante que una banda asuma una postura política explícita, como si en los últimos años no hubieran existido casos similares con artistas como Kneecap, Gorillaz, Roger Waters o Green Day.

Pareciera olvidarse, además, que este cruce entre música y política tiene raíces mucho más antiguas. Desde el punk de los años setenta hasta propuestas de los noventa y los dos mil, como Rage Against the Machine o System of a Down. Aun así, el público local suele mostrarse más “tolerante” cuando se trata de bandas extranjeras, a diferencia de cuando son sus propios compatriotas quienes articulan una crítica igual de frontal. En ese contexto, Candelabro ha quedado en el ojo de la tormenta de las redes sociales encendidas por ataques constantes.

Fans del rock antiguo vs fan del rock actuales

Las redes sociales se han convertido en el ágora de las discusiones contemporáneas, un espacio donde cualquiera puede proponer temas, opinar y ejercer la palabra de manera constante. Este caso no ha sido la excepción. En los días posteriores al concierto, numerosos usuarios arremetieron contra la actuación de Candelabro, con reacciones que iban desde pedidos de denuncias penales hasta amenazas directas.

Las comparaciones, muchas veces forzadas, no tardaron en aparecer. Se intentó equiparar a la banda con propuestas más antiguas o extranjeras sin mayor sustento. En el fondo, estos “fans” o “melómanos de años” parecían más interesados en desacreditar a la banda por sus posturas políticas que en formular una crítica musical genuina. Lejos de generarles reparos, Candelabro ha respondido reafirmando una idea central: la música, como todo arte, es y seguirá siendo: un acto político.

Lo que las bandas actuales buscan

Una serie de discursos de ultraderecha e ideas de corte fascista se ha ido infiltrando progresivamente en la región como un virus y, como ha ocurrido históricamente, el arte responde de la única manera que sabe: incomodando. En ese sentido, resulta valioso el trabajo de bandas como Candelabro, que entienden la música no como un mero adorno amable para la sala familiar, sino como un espacio de fricción y cuestionamiento. Algo que muchos “jóvenes de ayer” nunca terminaron de comprender, cantaban consignas que no entendían. Basta recordar el bochornoso episodio de Javier Milei interpretando “Demoliendo hoteles” de Charly García, una escena tan absurda como representativa del tono que ha sabido cultivar el mandatario argentino.

El rock, desde sus orígenes, ha sido una ruptura con lo establecido, una forma de rebeldía frente a sistemas opresivos, sin importar su procedencia o dirección. Hoy, sin embargo, el público ha cambiado, y es precisamente en esa transformación donde encuentran sentido propuestas como Candelabro, Hesse Kassel o Asia Menor. Bandas que no solo aportan, sino que empiezan a trazar un nuevo camino en una región musicalmente diversa, que no se detiene.

Este 16 de abril, Candelabro tendrá su primera presentación en Lima, con Los Membrillos como teloneros, una banda que ha sabido abrirse paso con fuerza dentro de la escena local.

Más que un concierto, es una oportunidad para conectar con lo que está ocurriendo en la música contemporánea. Porque, siendo honestos, el Perú aún parece atrapado en una burbuja de músicos apolíticos que rara vez destacan, mientras propuestas jóvenes con una voz clara son relegadas o ignoradas.

Lo que, de algún modo, me reconforta de todo esto no es solo que Candelabro llegue en uno de sus momentos más sólidos, ni únicamente el entusiasmo de un público joven que se organiza, comparte y se moviliza para asistir. Es, sobre todo, la certeza de que las bandas locales no están aisladas de lo que sucede en países como Chile, Argentina, Colombia, Bolivia, Ecuador o Paraguay.

Existe una red latinoamericana que comienza a tejerse con mayor fuerza, unida tanto por el idioma como por las tensiones que nos atraviesan. Y en ese reconocimiento compartido, hay algo profundamente esperanzador: entender que, incluso en medio de la tempestad, no se rema en soledad.

¡Ver a Candelabro y a todas las bandas musicales locales y extranjeras que se plantan contra el sistema es una necesidad biológica, casi tanto como repudiar a toda figura de autoridad que denigra la vida y niega la libertad de otros!

¡Este 5 de abril, Fujimori nunca más!

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