Rodrigo Ahumada | 15.07.2026

Escrito por Rodrigo Ahumada
Hoy se cumplen 23 años de la muerte de Roberto Bolaño (15 de julio de 2003). Parra dice que le debemos un hígado a Bolaño, pero todos sabemos que le debemos mucho más.
Bolaño era una persona que recomendaba leer a Parra, tal vez por ambos ser chilenos, pero también por el hecho de que tanto Nicanor como Roberto fueron personas que desmitificaban a las vacas sagradas.
Hace años, cuando me enteré de cómo reaccionó Nicanor Parra a la muerte de Bolaño, me quedé conmovido. Como dicen: lo normal es que el hijo entierre al padre, pero en este caso fue al revés.
Lo que me sorprendió no es la pena de Nicanor Parra, sino cuán rápido se puso en acción, sintetizando magistralmente lo que sentía en un artefacto: la revista Paula abierta de par en par, un reportaje con fotos a toda página de Bolaño y abajo un cartel manuscrito que decía "le debemos un hígado a Bolaño." No se sintió satisfecho y continuó hasta llegar a otro texto para las mismas fotos. Esta vez el cartelito llevaba una cita de Shakespeare, "Good night sweet Prince / and flights of angels sing thee to thy rest", las palabras que Horacio pronuncia cuando su gran amigo, el príncipe Hamlet, muere en sus brazos.
Esa es la versión definitiva del artefacto: un texto en inglés isabelino, con el prestigio canónico de Shakespeare. Algo que uno no esperaría del Parra que se dedicaba a bajarle los pantalones a los íconos. Pero este no era el momento para romper íconos, sino para mostrar admiración y también ternura por Bolaño.
El universo bolañista borra los límites entre ficción y realidad, traduciendo lo que es caminar por esta extraña y cruel humanidad. Un espacio donde convive la vida misma, tal como es, entre sus dolores, delirios y alegrías, en medio de historias cotidianamente extraordinarias, y por donde siempre se escurre siempre el mal.
"Caminaste como un mono infatigable entre los dioses / pues sabías —o tal vez no— que el Triunfo desplegaba / sus armas bajo la caverna de Platón: imágenes, / sombras sin sustancia, soberanía del vacío." Ese es Roberto Bolaño, un mono infatigable frente a un teclado y un vacío blanco. A ese ser le debemos un hígado.




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