Tengo 19 años, flaco e imberbe, con hambre de noche y delirio. En los pasillos de la universidad donde estudio todo está muy limpio, casi esterilizado. Lo único viejo a lo que me aferro son los libros que encuentro en la biblioteca. Pero algo en las botas de un muchacho me llaman la atención: sus pasadores a punto de suicidarse. Levanto la mirada y un flaco de ojeras, melenudo, en casaca de cuero, me mira e ingresa al aula donde estoy llevando el curso de Estética.
Hoy se cumplen 23 años de la muerte de Roberto Bolaño (15 de julio de 2003). Parra dice que le debemos un hígado a Bolaño, pero todos sabemos que le debemos mucho más.
Bolaño era una persona que recomendaba leer a Parra, tal vez por ambos ser chilenos, pero también por el hecho de que tanto Nicanor como Roberto fueron personas que desmitificaban a las vacas sagradas.
Hay obras que no son para todos, son para todes. Obras que nos obligan a preguntarnos desde dónde estamos mirando y de qué forma comulgamos con el arte. De qué forma comulgamos con nosotros mismos.
María Maricón, de Gabriel Cárdenas Luna, llega al espectador como una advertencia: creamos para denunciar.
Frente a una ciudad atravesada por la violencia, las extorsiones y una sensación de inseguridad que se instala con más fuerza en los conos y periferias de Lima, hay quienes deciden no replegarse, sino ocupar el espacio.
No dejo de pensar en estas imágenes recuperadas en 35mm de Federico García Lorca sobre el escenario de La Barraca. Hay algo profundamente conmovedor en verlo allí, tan vivo, tan nítido, como si la historia, esa que tantas veces diluye, rompe y borra, hubiera decidido devolvernos un fragmento intacto de su ser. La restauración del cineasta Manuel Menchón no solo pule un archivo: nos permite mirar a Lorca como lo miraron sus contemporáneos, respirando teatro.
En la obra de Vanessa Karin el deseo no es complaciente ni decorativo: es un territorio que incomoda, que se arriesga, que se sostiene entre la vulnerabilidad y la protesta. Su pintura dialoga con la tradición del anime y el manga, pero no desde la copia, sino desde una crítica de esos lenguajes, atravesándolos con su historia personal, su formación católica, las marcas del acoso y el hallazgo de la mirada como arma y refugio.