Invitadxs EnLima | 21.09.2026

Entrevista realizada por Nayo Aragón
Publicado este año por Buh Records, el álbum de Mijail Mitrovic, Cerca de tu corazón, es uno de esos debuts que contiene años dentro. Coproducido con Alberto Cendra Woodman, el disco reúne aprendizajes, referencias y formas de hacer música que Mitrovic fue acumulando en distintos momentos de su vida, antes y después de un periodo en el que dejó de tocar y componer con regularidad. La voz y la guitarra ocupan el centro de las canciones, pero alrededor conviven beats, autotune, samples y distintos tratamientos digitales, entre referencias al indie folk, el R&B alternativo, el bedroom pop y la balada.
Buena parte de esas canciones también viene de lejos. Algunas comenzaron a escribirse hace más de una década y otras incorporan fragmentos de grabaciones antiguas que Mitrovic recuperó y volvió a trabajar desde el presente, así el mismo artista haya señalado en el post de presentación del disco que "las canciones originales no tienen nada que ver con estas nuevas composiciones". Nos juntamos en el jardín de su casa para conversar sobre cómo esta colección de doce temas fue tomando su forma actual, sobre su universo compartido y sobre aprender a darle un lugar a la tristeza.

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Quería empezar hablando un poco de la trayectoria de las canciones. Entiendo que comenzaron a gestarse hace ya un buen tiempo. ¿Qué tanto han variado desde esas versiones iniciales?
Empecé a componer canciones más en formato de “cantautor”, por decirlo de alguna forma, mientras tocaba en bandas de reggae, allá por el 2008-2010. Compuse un montón en ese momento, e incluso llegué a tocar en vivo en ese formato, pero nunca me sentí cómodo haciéndolo. Así que paré y dejé esas canciones guardadas en mi computadora.
Eran canciones bastante crudas para mí, en el sentido de que no me consideraba muy hábil escribiendo letras o canciones que fueran algo más que catarsis o vómitos sobre lo que uno está sintiendo. Entonces les tenía cierto pudor. En el disco de ahora no hay ninguna que suene exactamente igual a como sonaban esas primeras canciones, toda esa música la dejé atrás.
Pero lo que pasó es que, el 2012, Alberto Cendra me propuso grabar un EP. Entonces grabamos un montón, incluyendo algunas de las canciones de esos primeros años y otras nuevas de ese momento. También hicimos un montón de tomas directas de posibles arreglos. Yo estaba más o menos de acuerdo con sacar ese material como un EP, quizá de cinco temas, pero se le malogró la computadora a Alberto y las grabaciones desaparecieron.
En 2023, cuando empecé de nuevo a hacer música de este tipo, recuperamos WAVs y pedazos de esas sesiones, retazos, y con eso compuse algunas canciones nuevas. Fue exactamente igual a encontrarte y samplear un fragmento de una grabación hecha por otra persona. O sea, no sentía que había algo particularmente especial en estar sampleando esa música. No pensé muy conceptualmente qué funcionaba de ese archivo y qué no.
¿Pasó algo en este momento para que decidieras recuperar esas maquetas o pensar que había llegado la hora de cerrarlas?
Creo que, en realidad, nunca pensé que había llegado la hora de cerrar nada o llevarlas a ninguna parte. En 2022 mi vida cambió un montón. Por circunstancias personales, por procesos familiares, por varias cosas. Y tuve mucho tiempo para pensar en mi vida y en mis cosas. Y simplemente, en algún momento, estaba con mi hija jugando con la guitarra, que siempre había estado ahí, aunque yo la hubiera dejado de usar, y gradualmente volví a tocar. A partir de eso, me animé a revisar esas maquetas y reaprenderme muchas de ellas. Así empecé a armarlas de nuevo.
Dejé de hacer música más o menos desde que nació mi hija. Y unos años después simplemente volví a tener ganas de tocar todos los días, sacarme canciones que me gustan, cantar por mi cuenta y pasar tiempo haciendo eso. Empezar a mirar lo que había hecho años atrás fue una consecuencia bastante natural de todo eso.
En verdad nunca pensé en sacar un álbum. Simplemente empecé a hacer las canciones, a procesarlas, a trabajar con ellas. Y cuando se las compartí a Alberto, me convenció de que había un potencial para hacer algo ahí. Pienso que, si no se las hubiese compartido, no habría disco. Él también me convenció de enseñarle el álbum a Luis Alvarado para ver si le interesaba publicarlo.
¿No es que hubo una sensación dentro de ti de que había quedado algo pendiente con esto?
No. Creo que más bien había algo pendiente con volver a darle un lugar a la música en mi vida cotidiana. No como quien escucha, sino como quien hace. Porque desde que tenía 13 años casi toda mi vida he tocado guitarra. He hecho eso en paralelo a cualquier otra cosa que hiciera. Pero, sobre las canciones, no había ninguna necesidad de sacar nada. Ha sido un placer y me ha gustado un montón hacerlo.
¿Sientes que esa distancia ayudó a que las canciones encontraran su forma definitiva? Sobre todo, por esto que contabas de volver a sacarte canciones que tú mismo habías escrito hacía años.
Creo que eso sucedió más con las letras que con la música. Como te decía, una parte de la música está hecha de fragmentos de cosas de hace tiempo que ahora tienen un nuevo contenido o forman parte de una nueva composición, pero conservando algo de lo anterior.
Con las letras era distinto. Me parece que cuando yo tenía 19 o 20 años no tenía mucha capacidad de autoedición. Las canciones muchas veces tenían ese carácter de sacar experiencias de una manera bastante directa.
Y digamos que ahora, para mí, lo que he encontrado en este proceso desde 2023 hasta ahora, es que tomo las canciones como una forma de procesar las experiencias. Sí, hay un valor en sacar todas las emociones de frente, pero ahora ya no creo que mis canciones refieran únicamente a mi experiencia, a mi desamor, a mi soledad o a lo que sea. Les encuentro tal vez una mayor capacidad de hablarle a alguien más que no sea yo mismo. Y por eso también me siento más cómodo con ellas.
Aquí he encontrado otra cosa que me gusta particularmente. En el proceso de maquetear y compartir estas canciones con amigos, escuchando lo que me decían sobre qué les generan o qué entienden de ellas, me he dado cuenta que algunas canciones que para mí referían a ciertas experiencias o vivencias pueden tener un sentido completamente distinto para otros. Y también me ha pasado que canciones que para mí referían inicialmente a algo terminan ayudándome a pensar en otras cosas, en otras situaciones que he vivido.
Es curioso porque muchas de las canciones me suenan construidas a partir de un collage de recuerdos a medias, o escenas difuminadas. Te quería preguntar, como para redondear la reflexión, si también te interesaba que el disco tuviese una narración fragmentada.
Creo que, más que una narración como disco, lo que hay son 12 canciones donde cada una tiene un asunto que tratar. Hay hilos conductores, temas que atraviesan varias. Si quieres, está la escena de alguien esperando que la otra persona haga algo, o esperando que le diga algo. También eso que decías sobre la dinámica de los recuerdos que uno tiene, que uno guarda, que uno recompone y rehace respecto de su vida amorosa.
Por algo el disco cierra con una canción que se llama “Bien”, que para mí es la canción más ácida. Porque básicamente reconoce que, bueno, a veces las cosas se terminan y uno sigue con su vida. Sugiere que los recuerdos y las experiencias previas tal vez te despiertan algo, pero finalmente las cosas terminan y terminan bien. Te vas, sigues con tu vida y “no pasa nada”.

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Hay una cosa interesante que en el psicoanálisis se ha discutido un montón, que es la importancia de aprender a estar triste. Es un tema que ha sido muy significativo para mí durante estos mismos años en los que he hecho el álbum, y que creo que antes no sabía cómo hacerlo. No había aprendido a estar triste. Ahora creo que lo hago mejor. No siempre me sale, obviamente, y tampoco es que siempre se trate de la misma tristeza. Pero creo que esa idea aparece muchas veces en las canciones. Por lo general son canciones tristes, de desamor, de pérdida, de algo, pero no son canciones que a mí me hacen sentir mal.
Más bien, me han ayudado a procesar o a darle un lugar a lo que he sentido en distintos momentos de mi vida. Esa cosa expresiva que te decía tiene que ver con que, cuando yo era chibolo, para mí la música con letra tenía que ser música que me descargara, que me hiciera sentir como: “Ok, haciendo esto estoy dejando de sentirme mal, estoy dejando de sentirme de esta manera. Estoy soltando todo y ya no tengo nada de ello en mí”. Algo de esa sensación tal vez se mantiene, pero creo que ya no de una forma tan directa.
¿Y qué elementos fueron apareciendo recién durante la producción del disco? Porque ya contaste un poco qué fue lo que se mantuvo de aquellas primeras maquetas.
Creo que por una parte el tiempo que pasé haciendo música electrónica en los 2010s me hizo pensar de otra manera el flujo de cómo componer y cómo trabajar las canciones. Muchas de ellas han surgido con guitarra y voz de frente. Intentando componer “a la vieja usanza”.
Pero cuando empezó esta cuestión de los samples de las canciones viejas o cosas así, les empecé a poner beats. A usar todo lo que había aprendido en Ableton Live, que es el programa donde trabajo, no solo usando sus instrumentos digitales, sino también sus herramientas de procesamiento de audio, por ejemplo. Y fui teniendo estas canciones que casi todas se compusieron rápido, pero tomaron un montón de tiempo en producirse, porque iban apareciendo muchas posibilidades. Con Alberto, comenzaron a coger más densidad, empezamos a meter más instrumentos, a grabar otras cosas encima. Y ese fue el proceso antes de llevarlo al estudio.
Entiendo entonces que, en Desmantelado Estudio, con Richard Ángeles, no hubo mucha composición y fue un trabajo más de producción.
Sí, con Richard hubo principalmente producción. Llegamos con Alberto a su estudio con varias ideas ya armadas para realizar. Grabar la batería en “Con suerte”, grabar palmas los tres juntos, poner percusiones en algunas canciones, etc. Pero estando ahí también jugamos con otras cosas. Regrabamos algunos arreglos con su guitarra de 12 cuerdas, que es muy bonita, y en general nos animamos a usar un poco más las guitarras eléctricas del estudio y su delay, que está maldito. Yo llevé mi compu y usamos sus máquinas. También grabé algunas voces.
Después me traje todo de vuelta y terminé de producir esas nuevas grabaciones, incorporándolas a las canciones y tomando decisiones con Alberto. Recién después de todo eso Richard se llevó el material para mezclar. La secuencia fue más o menos así. A Richard no le resultó nada complejo hacer la mezcla porque creo que entendió perfectamente hacia dónde queríamos ir.
¿Y hubo alguna canción que cambiara especialmente en el camino, desde la maqueta inicial hasta cómo terminó siendo?
Para mí, “Con suerte” cambia mucho con la batería acústica que grabamos con Alberto. Antes tenía un beat bastante sencillo.

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Creo que esa es la canción que muestra los dos pedazos, o los dos momentos, de lo que he hecho y hago como música. Siempre pienso que, por algún motivo, esa canción le debe mucho a R.E.M.. Pero cuando ya estaba casi lista, con Alberto surgió la idea de añadirle una coda. Y el beat que le agregamos me hacía pensar más bien en Frank Ocean o en cosas que he escuchado mucho después.
Luego, “Ya no” era una canción que ya tenía. La melodía, la base de guitarra y todo eso pertenecían a otra canción de hace 15 años, con otra letra y otro sentido. Cuando empecé a samplearla, comencé a cantar líneas nuevas encima y la letra salió casi de un tirón. Y así cambió su contenido, su sentido, su instrumentación. Cambió todo.
Esa tal vez es una de las que más me gustan, porque tiene también este procesamiento de las voces con armonizadores que la replican varias veces al mismo tiempo. Es como si tuvieras, no sé, a 20 personas cantándote la misma frase. Esa es una canción que me ha gustado mucho en ese sentido, por el proceso de ver lo que pasó desde 2010 hasta ahora.

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Hablabas de que al disco no lo ves tan unificado, sino más como doce “asuntos a tratar”. Pero yo siento que sí propone un universo.
Creo que no hay narrativa, pero sí hay un cierto universo, digamos.
Te quería preguntar, entonces, por eso, ese universo que se muestra en el sonido del disco. Siento que parte bastante del indie folk, pero también aparecen recursos del R&B alternativo y de la música urbana. ¿Cómo llegaste a esa configuración?
Creo que tiene que ver con lo que escucho. En particular, estos últimos años he estado muy pegado a SZA. Me parece que está haciendo cosas con el R&B que se han alejado mucho de la idea con la que nosotros crecimos de ese género a comienzos de los 2000. Te puede llevar de una canción que podría estar en un registro medio trapero a una balada cortavenas total, y todo sostenido por una voz espectacular.
Igual con Frank Ocean, que debe ser uno de los mejores cantantes y compositores de las últimas dos décadas. Yo no estoy ni cerca de ellos, ni pretendo emular o tomar los registros o arreglos vocales de ese tipo de música, pero sí me interesaban mucho ciertas cosas de su producción. Y, claro, al estar escuchándolo tanto, termina colándose en el tipo de ideas que tienes, en cómo piensas una canción o cómo quieres que suene la mezcla final.
De hecho, cuando empezamos a trabajar en el estudio de Richard, le armé una playlist como conjunto de referencias de lo que he escuchado durante los últimos años. Phoebe Bridgers y boygenius, también Burial para ciertos pasajes, Men I Trust, Sufjan Stevens, The Radio Dept., Magnetic Fields, algunas canciones de Paco Amoroso solo. Había un montón de cosas distintas.
Y, sobre todo, Sen Senra y todo ese universo de la música española reciente, como Dellafuente, Rusowsky o Judeline. Lo que yo hago está lejos de eso porque ellos tienen una línea más fiestera en algunos casos, pero las cosas que hacen me encantan. Esta referencia al mundo de lo acústico, con beats, y cómo encima de eso va una voz con autotune.
Una de las cosas bonitas del proceso fue encontrar que la música que estaba escuchando me daba una salida práctica de cómo poner en relación la canción pensada desde el universo del cantautor, acústico, voz y todo eso, con ese universo del procesamiento digital, de añadir beats, de usar herramientas que hacen que se vuelva todo un poco más plástico. Y tampoco tenerle miedo a eso. Yo también fui un músico que a los 16 años pensaba que el reggaetón “no era música” y pensaba que el autotune era una basura.
Y hoy estás en la orilla contraria.
Creo que ha sido un giro dialéctico (se ríe). Me parece que son también cuestiones de época. Ciertos sonidos entran en espacios de la música que tal vez hace 15 o 20 años se sentían como universos completamente separados.
Pero siento que los recursos usados por estas influencias han aparecido también en tus letras. He oído algunas fórmulas líricas de ese género, o tal vez lo estoy suponiendo.
No lo he pensado mucho, la verdad. Algo que me gustó es que me ha resultado fácil escribir algunas de esas canciones porque fueron saliendo un poco sin estar pensando tanto en cómo se hace o no se hace una canción. Lo que quiero decir es que siempre tuve, en cierta forma, mucho respeto a la idea de escribir letras. Y en el proceso de estos últimos años, más bien, he sentido que ha sido muy fluido por eso que dices. Porque no era que había que construir un universo de palabras solemnes y bien armadas.
Considero que las letras de estas canciones son muy cotidianas. Son cosas que te pasan y que forman parte del lenguaje diario. O sea, te podría decir muchas de estas frases a ti como amigo, conversando con una cerveza, contándote algo que me ha pasado. Claro, con una carga de sinceridad, vulnerabilidad y todo eso. O son cosas que le dices, o que quieres decirle, a alguien con quien tienes un rollo.
El caso de “Ya no” es un buen ejemplo de cómo he compuesto la mayoría de las canciones. Armar un loop de guitarra que salga en un momento de improvisar, poner algún beat por ahí y empezar a cantar ideas de melodías o a soltar ideas de arreglos. También ponía los beats como audios en mi chat de WhatsApp conmigo mismo y salía a la calle escuchándolos, dándole vueltas a frases o grabando ideas en notas de voz. Así he escrito casi todas las letras. En la mayoría de los casos no hubo ese momento de “componer” como sentarme a escribir una letra o a hacer una canción de principio a fin.
¿Y ahí aparecen también las frases tomadas de otros lugares también?
Claro.
Entiendo que eso fue un ejercicio más o menos consciente o intencional. Entonces, ¿dirías, tal vez, que el proceso de hacer el disco implicó revisar una especie de archivo emocional y reorganizarlo desde el presente? ¿Se podría nombrar así ese proceso?
Creo que tal vez lo diría de otra manera. Ha sido más bien intentar convertir esos materiales, que tienen que ver con emociones, en una experiencia. A mí me ha marcado mucho la idea de Ricardo Piglia de que cuando escribes, compones, o creas en general, no necesariamente estás trabajando con información, sino intentando procesar una experiencia. Que el trabajo de creación es darle forma a eso que uno ha vivido y hacer que se convierta en otra cosa.
Entonces, he tomado esos materiales emocionales y afectivos y creo que ahora han encontrado un nuevo ordenamiento. Uno con el que me siento más cómodo y que, para mí, significa que ciertas cosas de esos afectos y emociones del pasado se han convertido en canciones, en recuerdos, en otras cosas.
Ya no los veo como algo tan pegado a la emoción misma. Los veo más bien como algo que, bueno, se convirtió en un álbum, que forma parte de las cosas que he hecho. Y me siento contento con eso.
Se reorganizó desde el presente entonces
Claro, ya no siento que escucho las canciones y vuelvo a leer mi agenda adolescente. Que es lo que me pasaba antes, justamente, con esas canciones y por tanto me daba vergüenza (se ríe).
En el disco encuentro varias menciones o imágenes de radios, mensajes de texto, y en general, distintas formas o expectativas de recibir comunicación que parecen ser malinterpretadas, o llegar incompletas, o a la persona equivocada. Te quería preguntar si partiste interesado en explorar estos temas.
Eso no es raro que aparezca porque estos últimos 15 años de mi vida han sido también los años en los que me he psicoanalizado. Y una de las premisas más importantes del psicoanálisis, lacaniano además, tiene que ver justamente con ese cortocircuito en la comunicación, con las dinámicas entre uno y otro, y con cómo los mensajes nunca llegan realmente de la forma en que uno piensa o pretende.

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Quería volver al uso de las herramientas de la música que vienes escuchando en el disco, en particular del autotune, que te acompaña a lo largo de todas las canciones. ¿Qué te interesaba de usarlo?
Muchos amigos me dijeron: “Qué bien que hayas sacado un álbum, pero qué horrible que uses autotune" (se ríe). Me acompaña en todo el disco, sí, pero no siempre en el mismo sentido. Puedes calibrarlo de varias maneras, entonces me puse una premisa para la voz principal que intenté respetar. No quería usar el autotune para alcanzar notas que naturalmente no alcanzo, me interesaba otra cosa. En el software puedes controlar la velocidad con la que el filtro procesa las notas que estás cantando y jugar, por ejemplo, con cuánto tiempo tarda la voz en pasar de una nota a otra.
En otros casos lo uso porque el autotune te da una especie de estabilidad. Yo no soy un cantante profesional, entonces hay veces que canto notas bastante largas que, si me esfuerzo, puedo sostener. Pero si pongo el autotune con el setting que quiero, además puedo darles un efecto particular.
Y la otra situación en la que lo uso es, más bien, para hacer cosas que yo no puedo lograr vocalmente, pero que aparecen como arreglos y no como voces principales. Por ejemplo, en el fondo de “Da igual”. Esa melodía soy yo con autotune y pitcheado. Y, claro, yo no puedo llegar naturalmente a esa nota, pero ahí es más como si estuviera tocando un teclado. No pretende ser mi voz natural.
En general, me gusta cómo suena el autotune. Me hace sentir algo más profundo escuchar ciertas cosas pasadas por él. Un ejemplo es “No stars” de Rebekah Del Río (de la tercera temporada de Twin Peaks), que tiene una versión con y otra sin autotune, y la primera me golpea de otro modo.
Siento que los momentos de mayor vulnerabilidad en las letras de mi disco, con autotune, me suenan todavía más vulnerables, más frágiles. No tengo un gran argumento al respecto (se ríe), simplemente me suena bien. Para mí, el autotune potencia eso. Entiendo que en otros casos puede generar distancia, si lo usas más para pensar en voces robóticas o arreglos de ese tipo. Pero usarlo como una forma de procesar la voz, manteniéndote dentro de lo que tu voz hace regularmente, me parece que sirve para exacerbar ciertas cosas. Como subrayarlas.
Solo para cerrar, y para centrarlo porque lo has sugerido bastante. Después de trabajar con canciones, grabaciones y recuerdos de momentos tan distintos, ¿sientes que el resultado funciona tal vez como una limpieza de pizarra?
Creo que ha sido como agrupar un conjunto de cosas hechas más o menos al mismo tiempo. Y tengo ganas de seguir sacando música porque esas doce canciones que componen el álbum han quedado de un grupo de más o menos veinticuatro. En verdad el álbum lo terminamos el año pasado, entonces también he seguido componiendo algunas cosas nuevas. Pero creo que están un poco en la misma sintonía que las canciones anteriores. Creo que el universo de este disco es algo que me va a acompañar un rato más. No sé si vaya a publicar algo, pero me acompañará un rato más.


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