Soñar con fuego: un mundo después del colapso

Foto de Juan Pablo Murrugarra

Escrito por Karla Acosta

Las esculturas e instalaciones de la artista peruana María Abaddon muestran cuerpos de fieltro y lana, blandos, cosidos a mano, que sin embargo dejan asomar hilos rojos anudados como suturas recientes sobre cráneos y torsos. Esa tensión define lo que la artista nombra como "gore soft": una estética que permite la convivencia entre lo suave y lo herido en el mismo cuerpo.

La elección del textil como material principal tiene, en su relato, un origen concreto. Descartó el metal, la piedra, la madera, porque esas técnicas exigen fuego, filo, fuerza sobre la materia y sobre el propio cuerpo de quien esculpe. Coser, en cambio, es un gesto que le permite experimentar con mayor libertad.

Sus primeras figuras, cuenta, eran cuerpos enteros que con los años empezaron a fragmentarse. Un proceso que ella vincula directamente con "la idea de la violencia sistemática que borró las identidades individuales", hasta que esos cuerpos se convirtieron en una masa híbrida y sin contornos claros entre lo humano, lo vegetal y el paisaje. El desmembramiento expone una violencia estructural, repetida, que actúa sobre poblaciones enteras hasta disolver lo que las hacía distinguibles unas de otras. Esas identidades no se pierden de un solo corte, se erosionan y se recomponen.

Un cuerpo fragmentado por violencia sistemática es un cuerpo que ha sido remendado muchas veces, que carga capas de reparación sobre capas de daño. El textil permite eso de un modo que el metal o la piedra no podrían. Se puede coser, descoser y volver a coser; se puede rellenar donde falta, remendar donde se rasgó. La técnica de la artista repite en el proceso de producción la misma lógica de acumulación y recomposición que describe a nivel conceptual.

Abaddon expone la sutura como parte del contenido de la obra. En una obra que habla de identidades amalgamadas por una violencia sistemática, mostrar la costura es mostrar el trabajo de recomposición. Y sin embargo, sobre esas esculturas blandas, permite que otros elementos sí corten: alambres que se enredan en un cráneo como una corona de circuitos, cables que atraviesan el volumen blando y texturas que imitan tejido expuesto.

Actualmente también trabaja instalaciones con circuitos conectados a arduinos y sensores de distancia que reaccionan a la presencia del público con un movimiento mínimo. Abaddon es enfática en aclarar que esto no tiene nada que ver con inteligencia artificial: el sensor no reconoce un rostro ni interpreta una intención, solo devuelve un dato elemental y es la programación, como el resto de la pieza, la que decide cómo reaccionar. Hay una réplica mecánica y deliberadamente imperfecta del acto de percibir una presencia y responder a ella.

El textil no es una respuesta ingenua a la violencia sistémica que describe; es, más bien, el único material capaz de alojarla sin replicarla. Imaginar, como propone el título de la muestra, qué formas de vida podrían soñarse después de que el fuego destruya el orden establecido que conocemos. Frente a estas criaturas, entre el juguete y el monstruo, no hay una lectura cómoda posible. Ese es, quizás, el ejercicio real que propone Soñar con fuego, no consolarnos con la idea de un colapso lejano, sino obligarnos a imaginar, cuerpo a cuerpo, qué clase de mundo sobrevive.

Fotos: ICPNA Cultural - Juan Pablo Murrugarra


"Soñar con fuego" se presenta en el Espacio Venancio Shinki del ICPNA (Av. Angamos Oeste 120) hasta el 27 de septiembre de 2026, de martes a domingo, de 10:00 a. m. a 7:00 p. m.

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