Alberto Fuguet: “La literatura se parece más a las bandas”

Difusión

Uno teme entrevistar a los escritores que leyó mientras crecía. Existe el riesgo de que el personaje termine devorándose al autor, de descubrir que detrás de los libros hay alguien que ya no se parece a ellos. Con Alberto Fuguet ocurre exactamente lo contrario. Mientras lo escucho, tengo la sensación de estar conversando con el mismo escritor que conocí en las páginas de Mala onda y Por favor, rebobinar.

Escrito por P.F.M

Vestido de negro, con gafas de marco grueso y barba salpimentada, Alberto Fuguet aparece al otro lado de la pantalla para hablar de Ushuaia, la novela que presentará este dos de agosto en la Feria Internacional del Libro de Lima. Sin embargo, conforme avanza la conversación, queda claro que el verdadero centro del libro no es Bruno, el adolescente cuya desaparición pone en marcha la historia, sino Leticia Lucero.

"No solo era una madre; también una mujer", dice Fuguet.

Bruno llegó primero, pero la novela terminó encontrando su pulso en Leticia. Verborreica, impulsiva, llena de opiniones y de humor, está lejos de la madre abnegada que, según el autor chileno, ha ocupado buena parte de la literatura latinoamericana.

"No quería que te cayera bien de inmediato, pero sí que fuera real. Quería que Leticia tuviera opinión. Sentía que era un libro que no se había escrito."

Fuguet buscaba un personaje de "sangre caliente" que no fuera chilena para que pudiera hablar mal de Chile porque, para él, uno siempre tiene que odiar un poco a su país. Pero hay una búsqueda aún más profunda que termina condensando en una frase:

"No escribir cosas que ya escribieron otros."

Abrirse camino se convierte en una declaración de principios, sobre todo cuando la industria editorial suele premiar lo contrario. Quizá por eso habla con cierta distancia de buena parte de la narrativa actual.

"Estoy aburrido de la novela lineal que ahora está muy premiada, muy aplaudida, que parece una serie de Netflix. Está buena la serie, pero ya méteme estética, ambigüedad. No todo es avanzar en el plot."

En Ushuaia, esa búsqueda también se refleja en la forma.

"El libro tiene diferentes voces, de reportaje, de artículos. Antes hubiera escrito más artículos y menos las voces; ahora me interesa el off the record."

Mientras hablamos, la música aparece con la naturalidad de alguien que también hizo crítica musical. Ahí descubro uno de los hilos que sostienen todo su pensamiento creativo.

"La literatura se parece más a las bandas."

Fuguet describe la escena de una banda indie tocando en un bar pequeño, con la adrenalina de hacer algo por convicción y la certeza de que ahí existe una conexión humana.

"La literatura se parece más a las bandas, que es un trabajo joven y, si no eres tan joven como yo, tienes que buscar cómo serlo. Tienes que tener un grado de pobreza, de miedo, de venganza, de enojo. No te sirve ser un campeón de la televisión, no puedes tenerlo todo, no puedes ser candidato a presidente y escritor, no puedes ser padre de familia y escritor. Algo tiene que ceder."

Durante años alternó la escritura con la dirección cinematográfica, pero siente que ese camino terminó alejándose de lo que realmente quería hacer.

"Necesitabas fondos internacionales que te obligaban a filmar cosas que yo no estaba interesado en filmar. Tampoco había cines que quisieran proyectar nuestro arte y no había dónde estrenar. Entonces todo se redujo a hacer películas para ir a festivales, y eso me parece un equivalente a que mis libros solo se pudieran leer en la universidad."

La novela, en cambio, todavía conserva una libertad que el cine perdió: la posibilidad de circular y encontrar lectores sin depender de un circuito cerrado ni de una élite cultural.

Mientras lo escucho, descubro una posición política que atraviesa su manera de entender la creación: una crítica a las industrias culturales latinoamericanas y a la hegemonía de las grandes productoras estadounidenses. Dice, sin demasiada nostalgia, que el cine terminó cansándolo y, casi como quien deja escapar un deseo, menciona el teatro. Todavía no ha escrito para ese escenario, pero habla de esa posibilidad con entusiasmo.

—¿Hay cosas que antes considerabas importantes y hoy te parecen puro ruido?

"El querer ser tomado en serio, eso ya no me importa tanto. Los premios o enojarme porque no me daban ninguno… Ando muy obsesionado con aprovechar el tiempo y no ser de esos escritores cuyos primeros libros fueron los únicos interesantes. Prefiero seguir corriendo riesgos y, si tengo energía, seguir sacando libros; ojalá no sean los peores. Y tampoco lo son. Pero eso es un tema mío.

Me asustan mucho los one hit wonders.”

—¿Aún buscas impresionar? —le pregunto, intuyendo una personalidad anárquica. 

"Siempre, aunque sea al chico que te gusta o a alguien que tú odias. Hay que tratar de impresionar, molestar y entregar algo distinto. Pero hay que tener mucho cuidado con eso. En ese sentido fui muy bendecido. Al principio lo viví como una maldición. Ocurrió en el 91, un año después de Mala onda. Asumí que era un castigo divino y después me doy cuenta de que fue una bendición: que no te abrace España, no formar parte del círculo del escritor oficial, no ser el favorito de la gran editorial."

Estar al margen.

"Alguien dirá: '¿Y tú cómo puedes estar al margen si publicas con Planeta, vas a ir a la Feria del Libro?' Pero me siento, no al margen, sino en una suerte de periferia. Soy un escritor que está adentro, viendo la forma de huir."

Entre esa necesidad de mantenerse en la periferia de "lo oficial" y la literatura peruana, resulta inevitable mencionar a Oswaldo Reynoso. Fuguet sonríe antes de responder:

"Iggy Pop no fue tan punk."

—¿Qué conversación esperas que el lector siga teniendo consigo mismo después de cerrar Ushuaia?

"No quiero que la gente piense; quiero que sienta cosas, que le dé pena la situación. A mí me parece que las mejores películas y canciones te dejan un poco de pena.

La vida es conmover, en eso estamos.

Cada vez lo tengo más claro, y eso lo he aprendido de mis colegas que me caen mal. La literatura está hecha para conmover, erotizar, reír... La verdadera literatura, la que conmueve, se parece a las bandas, a las películas."

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