Invitadxs EnLima | 12.05.2026

Escrito por Victor Vich
En Arde, obra de danza contemporánea, observamos la plenitud y la fugacidad del movimiento corporal: la fuerza con la que emerge, pero también la sorpresa (y la agonía) de su desaparición. Para el espectador, la danza es eso: movimientos que aparecen y se pierden en un espiral de estabilidad y desequilibrio, de repetición y pérdida, de furia, de absoluto, de dura imposibilidad.
En Arde vemos a los cuerpos en toda su plasticidad, en toda su violencia, en su condición siempre frágil y en su límite salvaje. La estricta corporalidad material que aparece en escena no se detiene en realizar giros y contorsiones en el marco de notables relevos, donde un cuerpo individual se vuelve el cuerpo de todos sin dejar de ser uno mismo. Arde es, en efecto, el testimonio del cuerpo en soledad y del cuerpo en interacción con otros. Es la imagen de encuentros y fricciones, de enlaces y de rupturas, de esas tensas (y múltiples) estrategias para lidiar con el deseo propio y con el de los demás.
Arde es, sobre todo, la imagen de cuerpos que se salen del disciplinamiento social y, por lo mismo, el testimonio de esa búsqueda, desesperada, por intentar resubjetivizarse. Cada escena, cada momento muestra la violencia cultural a la que el cuerpo ha sido sometido, pero marca también, a través de infinitos movimientos, la irrupción sorpresiva de instantes de goce y de placer.

Ante el permanente vaciamiento al que hoy la palabra es sometida (lo hemos visto en los debates presidenciales; lo seguimos viendo en la esfera pública todos los días), esta obra recupera al cuerpo. Ante la imposibilidad que tenemos los peruanos de construir un mínimo significado compartido, Arde es la celebración, centellante, de la forma pura: las líneas del cuerpo, la belleza del sonido, la sublime condición de la luz. Todo, en este espectáculo, es preciso y de una ferocidad mayor.
No es común presenciar en Lima una obra de la calidad de Arde. Dice Badiou que “el arte es lo irrepetible de la repetición”. Es cierto. Arde es la terca imagen de lo fugaz: un instante que se acaba, pero que sabe bien que perdura en otro lugar: nos confronta con todo lo que no hemos hecho y con todo lo que podríamos hacer.
Arde, de Cory Cruz y Lucía Meléndez, puede verse en el teatro de la Universidad del Pacífico en las siguientes funciones:
Sábados: 16, 23 y 30 de mayo — 8:30 p.m.
Domingos: 17, 24 y 31 de mayo — 7:00 p.m.



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