Crónica de Serto Mercurio: edificios que caen, memorias que quedan

Foto de Hector Llaullipoma

Escrito por Marco Yanayaco

Hay un golpe de calor que nos persigue a todos estos días. A veces pareciera que la noche no es suficiente porque aun así el ambiente es insoportable. Todas estas ideas me venían a la mente a medida que me acercaba al Machu Picchu Bar para ver la última gran presentación de Serto Mercurio, banda a la cual no había escuchado en su momento por obvias razones: apenas tenía 15 años y no salía de casa. Debo decir que, tras darle una investigación previa, pude vaticinar que se trataría de un encuentro infaltable o, al menos, que me dejaría una buena sensación. Este iba a ser el primer evento del año y muchos lo gozaron y disfrutaron, incluyéndome a mí, obviamente.

Lo cierto es que esa noche tenía un ánimo extrañamente apático. Llegué temprano para encontrarme con Sammir (fotógrafo) y nos sentamos un rato a conversar, mientras aún estaban ensayando y ajustando el sonido, aunque ya con un leve retraso en el horario, como uno ya está acostumbrado aquí. Aproveché para comprar el disco de Serto Mercurio y ver algo de los cigarros de flores que vendían; poca experiencia tengo fumando flores, si soy honesto, pero me parecía un negocio bastante colorido y pintoresco.


Anyuno

Siendo ya las 9 p.m., tomé una silla y me senté antes de que empezara todo. Fue entonces cuando, mientras conversaba por el celular, Rodrigo y Christian (Sueño Púrpura) se me acercaron y saludaron, estaban junto con Jandy y Brenda. Jalaron unas sillas y nos pusimos a conversar unos minutos. Hablamos de Shearling, una recomendación que les había hecho y que todos deberían escuchar, pero también de cualquier otra cosa que ahora no recuerdo, en su mayoría payasadas que se me ocurren.

Pasando unos minutos, el dúo Anyuno sube a tocar. ¿Qué digo? Fue un momento de relajo, pero divertido. Si algo disfruto mucho es del glitch y ahora, más recientemente, he abrazado el hyperpop con todas mis fuerzas. Me parece que toda la atmósfera que generaron fue divertida, bastante graciosa incluso. Creo que el público que iba llegando no entendía del todo qué pasaba, pero fue muy entretenido de escuchar. Automáticamente pensaba en canciones que pondría mientras intento atravesar la ardua labor de hacer algo muy aburrido y usarlo como paliativo de la flojera. Desde luego no es mi primer acercamiento al glitch o al hyperpop, pero artistas recientes como Ninajirachi o Jane Remover, que tienen cierto estilo o influencia de estos sonidos, logran siempre alzarme el ánimo con las nuevas rutas que van creando.


Umi Murisaki

No pasó demasiado tiempo, apenas unos minutos, cuando Umi Murasaki sube al escenario. Tuve una gran sorpresa porque, distinta de otras veces en donde se les encontraba más afilados, descontrolados y ruidosos, esta vez fue una performance concentrada, melodiosa y más sólida. Hubo mucho orden en su presentación, o eso creo que me pareció. Los temas fueron los que ya me tienen acostumbrado, pero sí resalta mucho que fueron muy medidos en su ejecución, algo que se percibía entre canción y canción. Puntos para Umi, que supieron darle un plus a su presentación.

Era el turno del, como me gusta llamar, amigo entrañable: Sueño Púrpura. Mi fascinación con la banda, si bien puede sonar a cierto fanatismo alzado, siempre trato de mesurar, trasquilar, contrastar… en fin, otras palabras más para mis propias ideas. La presentación fue muy buena, como ya nos tienen acostumbrados. Quizá lo que falta es la parte vocal en las presentaciones en vivo, donde la voz queda muy enterrada por todo el ruido que, claro, es la esencia de los temas, pero no deja de ser algo que podría mejorarse.


Sueño Púrpura

Otros aspectos que resalto son, como siempre, la batería de Juan casi rompiendo los platillos; Christian y Rodolfo haciendo lucha libre con sus guitarras en Mora. Ver cómo les sacan la mugre a sus guitarras en vivo es fascinante. Eso sí, la gente no saltó ni se animó a hacer un pogo (¿What fue?). Luego de que acaba su performance, mi oído captó un pequeño comentario que justificaría esa actitud: “se guardaron para Serto Mercurio”. Y yo creo que sí, pero de todas formas la performance fue pasión pura. Además, pude escuchar otro tema nuevo que, gracias a los coros improvisados de Brenda por mi canal auditivo derecho durante cierto momento, pude imaginar cómo sería una versión definitiva del tema. ¡Muchas gracias!

Ya entrando la medianoche era el turno del anfitrión. Como dije, tengo poco registro de Serto Mercurio, pero ¿eso es algo malo? Tal vez. Me gusta ir a conciertos así para enfrentar la realidad de las presentaciones en vivo; eso puede darme una sorpresa orgásmica o una decepción absoluta, como ya me ha pasado.

Y la realidad es que la presentación de la banda estuvo muy buena: los temas todo el mundo los coreaba y la energía que desprendían contagiaba a todos. Se notaba que tenían experiencia en esto y lo lograron. La gente los esperó hasta el final para soltarse, y lo hicieron. Había personas saltando, cayéndose encima de los cables y los amplificadores, jajaja. Incluso, en alguna ocasión, ayudé a alguien a levantarse del piso para que siguiera girando en el pogo. “Caen los edificios” y “Tutankamón” se quedaron en mi mente para siempre. La dinámica entre la vocalista y el bajista para cantar y compartir esa misma energía sincronizada me llenó de un sentimiento difícil de describir.

Solo pensaba: “me hubiera gustado estar aquí algunos años antes para verlo por primera vez”, pero claro, ¿yo cuándo hubiera estado en algún concierto por esos días? Mejor tarde que nunca, ¿no? Trato de disfrutar cómo todos esos años pasados, de alguna manera, van completándome poco a poco. Así, Serto Mercurio dio su “último” concierto/reunión y yo solo espero que se puedan volver a juntar.

Añadir nuevo comentario