Marco Yanayaco Evangelista | 13.02.2026

Escrito por Marco Yanayaco
Nota 8/10
Entre los múltiples momentos en que uno puede toparse con música nueva, también se enfrenta a un océano inabarcable de recomendaciones y estilos. Sin embargo, en medio de tanta oferta, muchas bandas quedan ocultas por la falta de un filtro adecuado. Así fue como di con Ulrika Spacek, banda londinense formada en 2014, que a lo largo de su discografía ha sabido construir un sonido propio, aunque claramente influenciado por el rock alternativo de los años noventa, con referencias que remiten de inmediato a Sonic Youth o Radiohead.
EXPO, su cuarto álbum, publicado el 6 de febrero, reafirma esa identidad: el grupo aborda y reconfigura el indie y la psicodelia en sus propios términos, una apuesta que resulta encomiable en un género tan explorado y, por momentos, saturado.
El disco abre con Intro y Picto, dos temas que funcionan de manera encadenada. Aunque Picto marca el verdadero inicio, la antesala resulta necesaria: actúa como la puerta de entrada a ese universo sonoro envolvente y ruidoso al que la banda busca exponer al oyente. En Picto emergen riffs que remiten claramente a la etapa de Sonic Nurse de Sonic Youth, sostenidos por una batería fantasmagórica y una voz deliberadamente desganada.

Hay aquí una energía noventera que se mueve entre lo misterioso y lo oscuro, pero que se mantiene completamente accesible y vibrante. La forma de cantar del vocalista evoca por momentos a Kim Gordon, mientras que el costado más psicodélico, con el uso de loops y sintetizadores, construye un tema de dos caras que terminan integrándose en una mezcla sobria y elegante. Esta apertura establece el sello del disco: una oscilación constante entre lo espacial, la nostalgia y una sensación difusa de pérdida.
I Could Just Do It” entra de manera curiosa: un sintetizador en solitario abre el tema antes de que irrumpa una batería inmutable que termina de integrar los elementos psicodélicos que lo hacen despegar hacia una dimensión más ensoñadora. En esa transición se perciben algunas de las mejores virtudes de Ulrika Spacek: la capacidad de partir de lo sencillo y conducirlo hacia un plano más elevado, algo que el disco seguirá desarrollando.
Al llegar a Build a Box Then Break It, pieza clave del álbum, ocurren dos cosas. Primero, el sintetizador asume un rol protagónico y el pulso de la percusión remite claramente al trip hop de Portishead. Segundo, y más fascinante aún, aunque no hay un clímax explosivo, el contraste entre los pasajes bajos y las subidas está tan bien construido que la canción logra expandirse sin recurrir a gritos ni saturaciones. Es uno de los momentos más logrados del disco: posee una atmósfera espacial que absorbe, mientras pequeños detalles de guitarra redondean el conjunto hasta desembocar en un fade out profundo y envolvente. La química instrumental alcanza aquí una armonía casi hipnótica.

En el centro del álbum, la banda gira hacia lo espacial y atmosférico con This Time I’m Present, construida con una sencillez delicada donde batería y sintetizador establecen un túnel armónico de resonancias casi estratosféricas. La guitarra se acopla con naturalidad y genera un trance que avanza como una ola.
Showroom Poetry es quizá la propuesta más cercana al indie tradicional, aunque no renuncia a los espacios psicodélicos ni a ciertos matices dreampop. Todo descansa sobre una base delicada y contenida; la voz, más suave que en otros pasajes, acentúa esa pesadez nostálgica tan característica del indie rock.
Por su parte, EXPO abraza con mayor decisión la electrónica, evocando la experimentación de Kid A de Radiohead o ciertos paisajes sonoros de Aphex Twin, pero fusionados con capas de ruido y un leve pulso post-punk. Los sonidos encadenados que orbitan la voz revelan una banda que sabe jugar con la estructura sin perder organicidad.
Square Root of None funciona como uno de los emblemas del disco: está lleno de giros y texturas que tejen una red de melodías entre psicodelia e indie. Hay ecos de Incinerate de Sonic Youth, aunque llevados hacia un territorio donde la electrónica y el trabajo atmosférico tienen mayor peso. Los ascensos y descensos instrumentales dialogan con la voz hasta desembocar en un outro que la cubre con una pátina acuosa. El resultado transmite esa vitalidad alternativa teñida de languidez.

No sorprende quedar suspendido en ese estado hasta que aparece Weights & Measures, cuya duración apenas se percibe. Entre melodías vibrantes de sintetizador, una batería dinámica y un coro pegadizo pero contenido, el tema evoca por momentos el espíritu de Dots and Loops de Stereolab. Destaca por su dinamismo y por los cortes dramáticos que, hacia el final, contraen las cuerdas y precipitan un choque abrupto de guitarra antes de un cierre con tintes jazz y psicodélicos. Esta reutilización del imaginario noventero no suena a simple nostalgia, sino a reinterpretación consciente y atractiva.
En la recta final aparecen A Modern Low, que hace honor a su nombre con un ritmo lento y contemplativo que busca calmar tras la intensidad previa, y Incomplete Symphony, que funciona como contrapunto y cierre definitivo. Su melodía, que oscila entre lo sombrío y lo sereno, deja una sensación de conclusión abierta, como si aún quedara algo suspendido en el aire. El disco retorna así a resonancias iniciales, cercanas a Picto, y se despide con una profundidad introspectiva.
En conjunto, es el esfuerzo creativo y la coherencia estilística lo que distingue a EXPO frente a otras propuestas. Aunque por momentos la pasividad puede rozar cierta monotonía, resulta innegable que se trata de uno de los trabajos más sólidos de la banda. Sus casi cuarenta y cinco minutos transcurren con fluidez, dejando la impresión de haber durado menos. Hay ecos de regresos recientes como el de Panchiko, pero orientados hacia un costado más ruidoso y expansivo. Ulrika Spacek se toma el tiempo necesario, evita la saturación y cuida cada detalle. El resultado es un disco que sorprende y confirma que todavía es posible encontrar nuevas capas en territorios que parecían ya explorados.



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