El nacimiento de Basement Art Lab: laboratorio creativo y experimentación

Ciudad Sueño de Sebastián Jiménez

Hay momentos en los que los espacios culturales no solo cambian de dirección o de formato, sino de espíritu. Eso es lo que ocurre con el paso de la Galería Martín Yépez a Basement Art Lab, un movimiento que no responde a una moda ni a un simple rebranding, sino a una necesidad más profunda: repensar cómo se produce, se muestra y se comparte el arte contemporáneo en Lima.

La exposición colectiva “De ruinas, el espíritu” marca ese tránsito. No es solo una inauguración, sino el punto de partida de una nueva etapa impulsada por Martín Yépez y Karol Roots, que surge tras cinco años de trabajo sostenido como galería independiente en el Edificio Hidalgo. Hoy, ese recorrido se transforma y se desplaza hacia el Centro Histórico, específicamente al sótano del Restobar Plaza San Martín, donde Basement Art Lab comienza a tomar forma.

De galería a laboratorio: una transformación necesaria

El paso de galería a laboratorio no es menor. Supone dejar atrás una estructura más cerrada para abrirse a un formato flexible, experimental y en permanente construcción. Basement Art Lab se concibe como un espacio de investigación, de ensayo y de riesgo, donde las prácticas contemporáneas puedan desarrollarse sin la presión de la obra como producto final.

Este nuevo proyecto cuenta además con un equipo que refuerza su vocación colectiva: Carlos Zevallos asume la curaduría y Dolores Huamán la coordinación, consolidando una dinámica de trabajo horizontal y colaborativa. Aquí, el arte no se entiende como un resultado acabado, sino como un proceso que se piensa, se discute y se activa en diálogo con su contexto urbano y social.

Basement Art Lab: un espacio vivo

Más que un contenedor de exposiciones, Basement Art Lab apuesta por ser un espacio vivo. Charlas, talleres, clínicas, debates y visitas guiadas forman parte de una programación que busca generar comunidad y pensamiento crítico, fuera del circuito tradicional del arte.

Este sótano —mutable, abierto, en constante redefinición— funciona como un punto de encuentro seguro y estimulante, donde el arte contemporáneo puede asumirse como experiencia compartida. Aquí no se buscan respuestas definitivas, sino preguntas que permanezcan encendidas.

“De ruinas, el espíritu”: empezar desde el quiebre

Como exposición inaugural, “De ruinas, el espíritu”, curada por Carlos Zevallos, dialoga directamente con esta idea de transformación. La muestra se inscribe en una tradición donde los momentos de crisis y quiebre se convierten en territorios fértiles para la creación artística.

A través de pintura, video, escultura, instalación y propuestas híbridas, las obras reunidas no buscan una unidad cerrada, sino un campo común de tensiones y resonancias. Lo colectivo aquí no es una consigna, sino una forma de estar juntos desde la fragilidad, el ensayo y la intuición.

En un presente marcado por la incertidumbre, la exposición propone una lectura clara: incluso desde las ruinas —materiales, emocionales o sociales— es posible activar un nuevo espíritu. No como promesa grandilocuente, sino como gesto mínimo, insistente y necesario.

Basement Art Lab inicia así su camino: desde abajo, desde el quiebre, desde la pregunta. Y quizá sea ahí donde el arte vuelve a encontrar su potencia más honesta.

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