'Curandero': Acto de sanación en el submundo escénico

Augusto Montero da vida a un estibador en el Mercado de La Parada. | © Difusión

Por Federico Cisneros

El Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) continúa presentando Curandero, una notable intervención underground del Colectivo Escénico ÁngelDemonio. Este viernes 25 de mayo será la última de seis funciones de esta intensa reposición. Una propuesta escénica que te invita a sentir la curación y a disfrutar del espíritu de una historia que contempla un lado valioso y menospreciado del Perú.

Corría el mes de octubre de 2016 cuando se estrenó la obra Curandero. Sucedió una noche en el mes morado de los milagros, desde el escenario alternativo de Agárrate Catalina (espacio de Circo y Danza Contemporánea, ubicado en Barranco). Pocos meses después, a fines de ese mismo año, se volvió a presentar en dos únicas funciones, en la histórica Casa Yuyachkani, en el querido distrito de Magdalena.

El Colectivo Escénico Ángeldemonio había comenzado a escribir una nueva historia. No sólo estaba llevándonos hacia terrenos marginados en la memoria colectiva peruana, sino que también estaba penetrando en el inconsciente profundo de una ciudad gris, dura e ingrata con sus propios habitantes del exilio. Curandero refleja los sentimientos intraterrenos de un hombre danzante en medio de la pobreza, el corazón abierto de un cargador ayacuchano que día a día sobrevive desde un pequeño mundo alojado en el esófago de Lima, insertado ­–quizás para siempre­– entre las amargas tierras del olvido.  

Ya en 2017, tras una memorable presentación en Sao Pulo, Brasil (primera experiencia curandera internacional), esta poderosa obra multidisciplinaria anunciaba su regreso a los escenarios de Lima. Y lo hizo en un contexto bastante positivo para aquellos días, pues su próxima incursión performática sería nada menos que en la última edición del Festival de Artes Escénicas (FAE), esta vez desde el Teatro de la Universidad Católica, donde emocionó una vez más al público, penetrando en su memoria como una de las obras más interesantes de los últimos tiempos.

Meses después, el Colectivo volvió a viajar para participar en el Festival de Teatro Ciudad de Medellín, y a finales del último octubre regresó a las tablas para celebrar en carne propia los 35 años de existencia del Teatro Maguey. A medida que la obra volvía a cobrar vida seguía despertando nuevas miradas de reconocimiento y gratitud entre el público.

Teatro Místico
Y así, tras una serie de sincronías a lo largo de todo este tiempo, por fin logré ir a ver esta nueva edición de Curandero, en el extraordinario Teatro del LUM (estratégicamente ubicado en plena ruta hacia la Costa Verde, entre la avenida Ejército y el distrito de San Isidro). Impulsado por la magia sanadora que había percibido a partir de los comentarios de personas y amigxs en redes sociales, sentí mucha buena energía y me lancé en bicicleta para vivir esta experiencia de curación escénica desde algún espacio silencioso entre las últimas butacas de la sala.

Frente al escenario, tuve la oportunidad de contemplar la historia de 'Calato', un robusto hombre de Ayacucho, guerrero sobreviviente de la pobreza y danzante de tijeras, que migra a la capital de su país para trabajar como estibador en el Mercado de Mayoristas La Parada, en el distrito de La Victoria, ese mundo underground donde todo es particularmente distinto al resto de Lima.

El mundo interno del personaje que habita en el corazón del performer Augusto Montero se logra proyectar por el espacio con la simpleza de una hoja que sobrevuela los charcos de la Tierra. El cargador provinciano, el luchador renegado, me transmitió la fuerza de un bailarín aprisionado por las circunstancias y los karmas del no tiempo. Desde algún lugar, también un exiliado, un artesano disidente, un sujeto sensible, duro y chamanístico. Un innegable extranjero sumergido en otro mundo.

El Curandero que bailaba
Curandero cobró vida desde las inmediaciones del caos, desde esos mundos llamados Tacora, Gamarra y la misma Parada que habitan en los subterráneos del folclore del centro histérico de Lima. “Desde esa plástica chicha en la cual co-existimos y que a veces nos satura. ‘Calato’ es el protagonista de esta ficción-documental. Es un hombre o quizás un perro. O un perro convertido en hombre, que viene de provincia a sacarse la mugre trabajando como estibador en la Parada”, señala ÁngelDemonio a través del evento en redes.

Esta puesta también nos permite descubrir que hasta el sujeto menos esperado puede enamorarse de una sonrisa o a través de los colores de caramelos y Tico Tico. Al vernos reflejados en su mirada comenzamos a conocerlo mejor, dejamos de juzgarlo como un simple estibador (al menos en el escenario del teatro). ‘Calato’ se libera de un huevo de dolor, comulga con su tristeza, baila aquellas frustraciones que jamás entenderemos. Se refugia entre la chicha, la danza y el alcohol, se cura con sábila, con la fragancia del eucalipto, el aguardiente; se pone a correr hasta sudarlo todo y baila intensamente a partir del desamor.

Las imágenes, los símbolos, el texto, la música del Grupo Caricia, la ambientación y los efectos sonoros de Abel Castro, la escenografía con aromas de mercado, la iluminación de Igor Moreno que nos permite apreciar hasta la caída de un huevo en una superficie de agua, los bailes de ‘Calato’, sus delirios, sus preguntas, sus ataques de locura, su silenciosa resignación, la sabiduría que llega y cura al final del temblor. Uno viaja al interior de sí mismo a través de los sonidos de las tijeras y el ritmo de los pasos de Montero. Bajo la dirección de Ricardo Delgado y la dramaturgia de Daniel Dillon, se logra la conexión mágica entre el espectador y lo manifestado. Gracias a la máscara diseñada por Pol Colino pude transportarme hacia la soledad del perro, hacia la naturaleza bestia de los hombres mundanos.

Curandero nos acerca además a una serie de cuadros que recrean altares escénicos mágico–religiosos, donde podemos apreciar la Danza de Tijeras y el Zapateo de Vilcanchos, expresiones artísticas de Ayacucho, logrando darle vida a la composición del movimiento en el espacio. A través de distintos cuadros escénicos esta obra busca la limpia del cuerpo, el alma y el corazón después de una decepción amorosa, inspirada en fórmulas curanderas como baños de florecimiento, pasadas de huevo, limpias con acero y hasta el refugio clandestino que se siente –algunas veces– frente a las profecías de las lecturas de cartas y Tarot.

“Hemos viajado con la obra a Brasil y a Colombia. Hemos estado en el FAE 2017 y próximamente queremos presentarla en La Parada, como un homenaje para todos los cargadores que la habitan. Andamos buscando financiamiento para eso”, me comenta el actor Augusto Montero, y confiamos en que el universo conspirará para que así sea.

MÁS INFORMACIÓN
Título: Curandero
Dirección: Ricardo Delgado
Performance: Augusto Montero
Dramaturgia: Daniel Dillon
Producción general: Colectivo Escénico Ángeldemonio
Sala: 
Teatro del LUM (Bajada San Martin 151, Miraflores)
Próxima función: 25 de mayo 2018, a las 8pm
Precio de entrada: Ingreso gratuito

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