Invitadxs EnLima | 04.07.2026

Escrito por Miski Mazzini - Gestora cultural y Directora de Raí
La lupuna (Ceiba pentandra) es el árbol más alto y corpulento de la Amazonía peruana, alcanzando hasta 70 metros de altura. Tiene raíces enormes, como aletas, que sobresalen de la tierra. Este árbol, punto de partida de la inspiración de Alberick y Julia, es el que pone el nombre a su centro teatral, cultural y escuela de actuación, ubicado en el distrito de Pueblo Libre.
Los visité una tarde soleada del mes de julio, lo cual hace unos años sería impensable (hola cambio climático). Alberick está cerrando una clase de actuación para cortometrajes en la sala especialmente acondicionada para actuar. Me reciben un gatito y dos perros; uno se parece mucho al de El narrador de cuentos.
Julia y Alberick son actores peruanos, habitantes de Lima y el Cusco, a quienes muchos de nosotros conocemos por producciones como Días de Santiago, Las malas intenciones, El candidato y la recientemente reconocida 1982, de JC García, en el caso de Alberick; y por largometrajes como La hermana Mariana, Tayta Shanti y Todos somos marineros, en el caso de Julia Thays. Ambos decidieron ir muy profundo, más allá del mero acto de ser actriz y actor, y del sentido del artista en una ciudad agitada como Lima y en un país tan complejo en cuanto a legislación en torno a la cultura y políticas públicas en torno a la actuación en general.

En el ecosistema cultural peruano, la formación actoral a menudo ha operado en compartimentos estancos: el teatro, por un lado, y el cine, por otro. Esta desconexión resulta de un contexto donde la enseñanza especializada para los actores de cine es escasa o inexistente. Es en este vacío donde surge Lupuna Cine y Teatro, no solo como una escuela, sino como un puente necesario que une el saber escénico con la técnica audiovisual.
Alberick y Julia se formaron en el antiguo TUC (el centro de artes escénicas de la PUCP) y, además, son compañeros de vida y padres. Ambos han construido carreras potentes y sostenidas de actuación en el audiovisual, y hoy dedican muchas de sus horas de trabajo a compartir lo aprendido con nuevos actores y actrices, cada uno desde su cancha y su propio desarrollo, pero en articulación siempre desde su centro cultural.
Una propuesta inmersiva y real
La propuesta de Lupuna se distingue por usar un enfoque inmersivo. Fundada por dos actores, Alberick García y Julia Thays, esta bonita iniciativa entiende que la actuación frente a cámara requiere una sintaxis distinta a la del escenario y una comprensión más profunda del lenguaje cinematográfico. Lupuna traslada al actor del entorno teórico a un set de rodaje real, ayudando a que su interpretación cobre sentido según el valor del plano, la luz y la intención narrativa.

En este momento se abre un nuevo taller dictado por Alberick, el cual se construye a través de sesiones de 3 a 4 horas cada día. Su desarrollo está basado en la experiencia de vida de Alberick y permite a actores y actrices de teatro, o en formación, así como formados en talleres, adaptar su propia experiencia y trabajo a un rodaje real, pues el proceso finaliza con la grabación de un corto donde actores y actrices ponen en práctica estrategias como el blocking y otras que permiten actuar en audiovisuales.
“Más que una escuela tradicional, Lupuna se presenta como un espacio de experimentación donde los actores desarrollan herramientas para trabajar frente a cámara y fortalecer su desempeño en producciones reales.”
Al integrar técnicas como la de Laban, el trabajo corporal y la improvisación con el detalle de un rodaje profesional y real, los participantes no solo aprenden a actuar; aprenden a habitar el “detrás de cámaras”. Al finalizar, el actor sale con la experiencia tangible de la realidad en la actuación: material profesional para fortalecer su showreel y así acortar la distancia entre el entrenamiento y la competitividad del mercado laboral.

Es importante reconocer que el impacto de Lupuna trasciende las aulas. Alberick García y Julia Thays se han consolidado como gestores culturales fundamentales. Su labor en Lima, enriquecida por una constante conexión y flujo de trabajo con la región del Cusco, muestra una visión descentralizada y la voluntad por fortalecer la red actoral y el aprendizaje a nivel nacional.
Actuar es, para ellos, un proceso permanente de investigación y autodescubrimiento. Al compartir sus conocimientos, están devolviendo al medio artístico una metodología que apuesta por la naturalidad, la honestidad en la construcción de personajes y, sobre todo, la importancia y profesionalización del oficio. Su capacidad para conectar territorios y saberes sitúa a Lupuna como un enlace central en el ecosistema audiovisual peruano, y demuestra que la gestión cultural, cuando nace de la práctica artística compartida, se convierte en el motor más potente para el desarrollo de una industria que aún tiene mucho por construir. Pienso al despedirme que la construcción de un espacio así de cálido y necesario en el hogar de dos actores peruanos no es solo un acto de resistencia sino, una digna y amorosa mímica del sentido el árbol de Lupuna en nuestra amazonía, lleno de raíces y cobijo para los seres que lo rodean.



Añadir nuevo comentario